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'Communio' saca a la luz un intercambio de cartas del Papa emérito sobre víctimas y victimarios
¿Pueden víctimas y verdugos perdonarse, en esta vida o en la otra? Una cuestión peliaguda, que ahora sabemos que el propio Ratzinger se planteó durante su retiro, tras haber renunciado al pontificado. Tal y como publica Communio, en 2015 el Papa emérito mantuvo un intercambio de cartas con el teólogo dogmático Jan-Heiner Tück, en el que ambos discutieron sobre la llamada 'reconciliación universal', una cuestión "más que problemática", tal y como dejó escrito Benedicto XVI.
"El hecho de que, a pesar de todo, podamos esperar por todos, del mismo modo que nuestro Señor sufrió por todos, no se ve afectado por ello. El perdón es, en efecto, gracia, pero también implica un proceso tanto en el que perdona como en el perdonado, que exige toda la profundidad de la persona" escribía Ratzinger al teólogo vienés. "Por eso -añadía- considero engañoso y peligroso hablar de perdón incondicional, en el que en última instancia no pasa nada".
Un problema, el de la reconciliación universal, que en opinión del Papa emérito afecta más a los victimarios que a las víctimas, pues estas "son incluidas en la ofrenda del Señor crucificado y no sólo son reconciliadas por ella en un sentido externo, sino que se les da todo lo que habían perdido, se les devuelve toda su vida perdida". Una gracia que no está tan claro en el caso de los verdugos.
"Es difícil ver si la capacidad de transformación y purificación interior está presente o puede crecer en los victimarios", recalca Benedicto XVI, haciendo referencia a la experiencia de los juicios de Nuremberg, en el que los criminales nazis no mostraron remordimiento alguno. "En los perpetradores la mentira debe ser quemada, la verdad debe emerger", escribía Ratzinger a Tück.
"Para mí, ésta es la verdadera pregunta a la que no podemos responder: ¿Existe ese residuo de verdad y amor en las mismas cabezas del mal que las hace capaces de transformación o no?", se pregunta Benedicto XVI, quien como Papa ya habló de este tema (que ya había abordado en su libro 'Muerte y vida eterna' de 1997) en su segunda encíclica, Spe Salvi (2007), en la que señalaba que "la gracia no extingue la justicia. No convierte la injusticia en justicia. No es una esponja que lo borra todo, de modo que al final todo lo que alguien ha hecho en la tierra se vuelve igualmente válido".
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