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El enfado de los jóvenes católicos alemanes por el papel de los obispos en el Camino Sinodal
Gregor Podschun, presidente Federal de la Federación de la Juventud Católica Alemana (BDKJ), es conocido por su planteamientos radicales, que él asegura que se dan solo en el ámbito eclesial para conseguir reformas a una velocidad que entiende que demanda la Iglesia universal, pero sobre todo la de su país.
Y es también, como miembro del Camino Sinodal en representación de la BDKJ, uno de los grandes decepcionados por los resultados de la cuarta asamblea, celebrada la pasada semana en Fráncfort, fundamentalmente debido a la no aprobación por el voto de bloqueo de los obispos del texto de reforma sobre la moral sexual, en el que él mismo había estado trabajando durante dos años, y que considera que no obispos no quisieron nin plantear enmienda alguna.
Por eso, entrevistado por el portal katholisch, Podschun considera que se ha agrandado la brecha en la desconfianza hacia los pastores, que “ha hecho visibles sus opiniones y que hay una crisis del episcopado en la Iglesia. Las reformas que abordan los cambios necesarios y profundizan en el proceso no parecen encontrar todavía la mayoría necesaria en la Conferencia Episcopal. La crisis de la Iglesia se hizo clara y visible”.
Por su cabeza planea incluso su dimisión, como reconoce al portal alemán –“me pregunto a menudo cuánto tiempo puedo seguir soportando esto”-, pero le frena el estar en el Camino Sinodal en representación de los jóvenes católicos alemanes, que, añade, “esperan que siga defendiendo sus preocupaciones. Por eso continúo”.
En su opinión, el hecho de que el Camino Sinodal no consiga los resultados que él esperaba se debe a que “estamos en una Iglesia de diferentes velocidades” y también a que “la gravedad de la situación aún no ha sido reconocida por la Iglesia” alemana, “ni siquiera por el Vaticano”.
Se refiere a la crisis de confianza generada por el informe que desveló en 2018 los abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica germana. “Aunque hay estudios sobre el abuso -añade-, no se ha reconocido que necesitamos cambios sistémicos. En realidad, a estas alturas, no debe importar lo que diga Roma o los compromisos sobre la obediencia de los obispos. Las promesas de obediencia de los obispos, a las que se hizo referencia varias veces en la Asamblea Sinodal, son un problema importante. Se consideran un bien superior a la prevención de los abusos. Mi opinión es fundamentalmente diferente: la posibilidad de evitar el sufrimiento y la violencia debe pesar más que una promesa de obediencia. Obviamente, algunos obispos lo ven de manera diferente. Además, estamos en un sistema en el que los obispos tienen un poder casi absoluto. En el Camino Sinodal, sólo nos movemos dentro de estas reglas y los obispos probablemente no querrán romperlas. El sistema se apoya y protege a sí mismo”.
Los miedos a que han dado lugar las deliberaciones del Camino Sinodal, contestado también desde Roma, ha hecho circular la especie de que podría surgir una cisma y, de ahí, brotar una Iglesia nacional alemana, separada de Roma. A esto, responde:
“A menudo se agita ese miedo, pero los problemas sistémicos son los mismos en la Iglesia universal. En Alemania, sin embargo, tenemos afortunadamente estudios sobre este tema [los abusos]. Esto no existe en otras Iglesias locales porque carecen de recursos o las estructuras de poder son aún más rígidas que las nuestras”.
Por ello, afirma rotundo que “no habrá una iglesia nacional alemana”, pero lanza también una clara advertencia: "Debemos tener un plan para cambiar el abuso. Me resulta inconcebible que haya personas para las que sea más importante estar vinculadas a la Iglesia universal que prevenir los abusos y la violencia sexualizada. Si evitar el sufrimiento y la violencia nos lleva al cisma, que así sea. Pero seguramente no puede ser una opción poner la unidad de la Iglesia por encima de la prevención de los abusos. Que quede claro: no quiero que venga una Iglesia nacional alemana, pero la Iglesia universal debe al menos avanzar un poco con nosotros”.
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