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La medida quebraría definitivamente los intentos de regreso a la comunión con Roma
Las clarisas de Belorado (con el permiso de monseñor Viganò, y de los siro malabares) están siendo las tristes protagonistas del último cisma en la Iglesia católica. Un galardón que, hasta la fecha, ostentaban en solitario los lefebvrianos. Que, ahora, tal vez aprovechando la marea que en los últimos meses sacude, desde los sectores más sedevacantistas, la Iglesia católica, anuncian nuevas ordenaciones episcopales. Las últimas, que provocaron la excomunión de sus responsables, databan de 1988. Casi cuatro décadas después, los esfuerzos por una vuelta a la comunión con Roma parecen estériles.
Excepto Williamson, expulsado de la Fraternidad de San Pío X por sus comentarios negacionaistas del Holocausto, los otros tres prelados siguen vivos, aunque muy mayores. Ahora, el superior de la sociedad en Francia, Benoît de Jorna, ha publicado una carta dirigida a los benefactores de los seguidores de Marcel Lefebvre, en la que anuncia "nuevas consagraciones para continuar la 'operación-supervivencia' de la Tradición católica"
"Pronto necesitaremos fuerzas para afrontar el acontecimiento eclesial que empieza a tomar forma: las consagraciones para dar ayudantes, que un día serán sus sustitutos, a los obispos consagrados por el arzobispo Lefebvre en 1988", recalca de Jorna en su carta, firmada el 19 de junio, en el que conmemora el acto que el 30 de junio de 1988, presidió el arzobispo Lefebvre, y que ahora amenaza con repetir. Como entonces, sus seguidores denuncian "la deriva doctrinal y moral, la descomposición litúrgica, el desvanecimiento de la práctica religiosa, la preocupante desaparición de las vocaciones sacerdotales y religiosas y, como consecuencia, el borrado cada vez más rápido de la impronta cristiana en nuestros países, seguido de la aplicación de leyes persecutorias sobre el secreto de confesión, la predicación evangélica, la defensa de la vida, el mantenimiento de las normas morales y la afirmación de la naturaleza de las cosas".
Ahora que la Sociedad de San Pío X ha celebrado sus 50 años de vida, triplicando (según sus propios datos) el número de sacerdotes (de 200 a 700) en defensa de la "Tradición", y para "mantener intacta la fe hoy", el prior insiste en que "no podemos vacilar, transigir, amainar o diluirla: habría un peligro mortal de deslizarse por la pendiente de la autocomplacencia".
"Al contrario -y no es fácil-, hay que ir constantemente contracorriente, ir contra el pensamiento dominante, reaccionar ante el mal que nos rodea y trata de introducirse en nosotros. Y es cansado, y es doloroso, y es agotador, y es desalentador", recalca Benoît de Jorna.
Sus seguidores denuncian "la deriva doctrinal y moral, la descomposición litúrgica, el desvanecimiento de la práctica religiosa, la preocupante desaparición de las vocaciones sacerdotales y religiosas y, como consecuencia, el borrado cada vez más rápido de la impronta cristiana en nuestros países, seguido de la aplicación de leyes persecutorias sobre el secreto de confesión, la predicación evangélica, la defensa de la vida, el mantenimiento de las normas morales y la afirmación de la naturaleza de las cosas"
"Lo que necesitamos hoy, especialmente nuestros jóvenes, es esta virtud de la fortaleza, que nos permite soportar los pequeños inconvenientes de una vida totalmente fiel a la Tradición católica, mantener la línea recta de la fe, no transigir con lo que no conviene, aunque esta "intransigencia" sea a veces un poco difícil en lo personal, en lo familiar, en lo amistoso, en lo profesional", culmina, anunciando un "acontecimiento eclesial que empieza a tomar cuerpo". ¿Cuál? Ni más ni menos, que la creación de "asistentes" para los obispos cismáticos, que "un día se convertirán en sus sustitutos".
Sabedor de la transcendencia de esta decisión, de Jorna augura "un frenesí mediático contra los "fundamentalistas", los "rebeldes", los "cismáticos", los "desobedientes", por nombrar sólo algunos. En ese momento, tendremos que afrontar discusiones, insultos, desprecios, rechazos, tal vez incluso rupturas con personas cercanas". Todo ello, en una operación de "salvamento" en medio "del diluvio que amenaza con engullir a la Iglesia y a la civilización.
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