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¿Cómo será el proceso de apelación? ¿Será finalmente expulsado del sacerdocio?
Ni traje ni clergyman ni otros atuendos personales. Un chándal verde será a partir de ahora el único uniforme que se le permita a George Pell, después de que el purpurado pederasta fuera sentenciado esta madrugada a seis años de cárcel por abusos sexuales a dos menores y la inscripción de por vida en el registro de delincuentes sexuales. ¿Qué otros cambios le esperan en prisión al ex-Prefecto de Economía de la Santa Sede? ¿Qué pasará ahora con el proceso de apelación? ¿Será finalmente expulsado del sacerdocio?
De acuerdo con el protocolo penitenciario del estado de Victoria, tras recibir la notificación de su pena -y tras escuchar al juez Peter Kidd afearle la "arrogancia asombrosa" de lo que fue "un ataque sexual descarado y forzado contra las víctimas"- Pell fue conducido de vuelta a la Prisión de Evaluación de Melbourne, donde ha permanecido detenido desde que fue condenado hace ya dos semanas.
Esta cárcel es el punto de entrada en el sistema penitenciario para todos los prisioneros victorianos sin antecedentes. Pero si esta primera experiencia de cárcel para el cardenal no fuera suficientemente penosa, el hecho de que la prisión se ubique en pleno centro de la segunda ciudad más grande de Australia hace que el trago sea aún más amargo. Otros reos han comentado cómo se puede escuchar desde las celdas los sonidos de la vida cotidiana en la ciudad. Un recuerdo de todo lo que el condenado ha perdido.
Otra cosa que Pell perderá a partir de ahora son la ropa civil y los efectos personales que se le permitía mientras esperaba la sentencia. De aquí en adelante solo podrá vestir el chándal verde que la cárcel suministra a los reos. Pero el religioso no permanecerá mucho tiempo en la Prisión de Evaluación, ya que esta cárcel solo está diseñada para valorar las necesidades físicas y psicológicas de los nuevos internos.
En qué cárcel exactamente acabe Pell en los próximos días dependerá de los funcionarios, pero una cosa parece cierta: sea cuál fuere su destino, permanecerá en el régimen de aislamiento que se le ha impuesto por su notoriedad y por la animosidad que gran parte de la sociedad australiana siente hacia él. Por todo ello, los oficiales de prisiones consideran que el purpurado es un blanco potencial de ataques físicos. Con excepciones, eso sí, para las comidas y cuando hace ejercicio.
Este confinamiento solitario durará al menos hasta el 5 y 6 de junio, cuando los tribunales considerarán la apelación que ha interpuesto, que se basa en tres argumentos: que el veredicto fuera "poco razonable", que el juez erró en no admitir una nueva prueba de la defensa en la parte final del juicio, y que, al contrario que la ley victoriana, el acusado no pudo declararse inocente en presencia de un jurado.
El tribunal de apelación decidirá una de estas tres cosas: rechazar la apelación, admitirla y ordenar un nuevo juicio, y admitirla y exonerar directamente al religioso. El primero o como mucho el segundo parecen los resultados más probables, ya que el tercero implicaría revocar el veredicto de un jurado popular, algo de lo que los tribunales australianos normalmente reniegan.
El portavoz de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, anunció a finales del mes pasado que el Papa Francisco había dispuesto que continuaran en vigor las medidas cautelares ya impuestas a Pell, cuando llegó a Australia para defenderse, que consistía en la prohibición del ejercicio público del ministerio sacerdotal y de acercarse a menores. Al mismo tiempo, Gisotti anunció que la Congregación para la Doctrina de la Fe abriría su propio proceso contra el religioso, "siguiendo el procedimiento y dentro del tiempo establecido por la norma canónica".
¿Seguirá Pell siendo cardenal o será expulsado del Colegio Cardenalicio -y del sacerdocio- como lo fue el ya señor Theodore McCarrick? Gisotti también insistió en su comunicado en que la Santa Sede estaba esperando el resultado de la apelación, "recordando que el cardenal Pell ha reiterado su inocencia y tiene derecho a defenderse hasta el último grado".
Parece, pues, improbable que, incluso tras conocerse la pena que se le ha impuesto al religioso en primera instancia, el Vaticano actúe contra él, al menos hasta que no se sustancie la apelación en junio. De la misma forma, el Gobierno australiano también ha señalado que esperará hasta la apelación, para decidir si le retira el honor civil de Compañero de la Orden de Australia que le otorgó en 2005.
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