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Los informes presinodales muestran “una Iglesia deprimida”
“Estructuras clericales y excesivamente jerarquizadas”; “la Iglesia se siente moralista, formalista, alejada de la vida de las personas e intrusiva”; "a esto se añade el hecho de que la secularización crece en Occidente y que el cristianismo ya no es familiar para la mayoría de nuestros contemporáneos”…
Estas son algunas de las reflexiones que aparecen en la síntesis nacional del proceso sinodal de la Iglesia en Bélgica, publicado el 6 de julio y que, como recoge la prensa católica belga, “a pesar de la crisis y de los resultados negativos, la Iglesia debe seguir siendo un lugar de paz, esperanza y acogida”.
Según Cathobel, los puntos más destacados y preocupantes serían: la disminución del número de fieles y su envejecimiento; el número insuficiente de voluntarios; la ausencia de jóvenes, que plantea la cuestión de la transmisión de la fe; el repliegue de las comunidades que gastan sus energías en organizar la vida parroquial en lugar de ayudar a las personas a vivir una relación de amor con el Señor; y para muchos católicos la reducción de la Iglesia a la distribución de los sacramentos.
Las personas consultadas durante la fase diocesana hablaron de su deseo de una "Iglesia que envíe al mundo en misión”, en tanto que otros estiman que “la ecología integral es un camino misionero para el futuro y debería ocupar más espacio”. Muchos expresaron el deseo de que la Iglesia utilice “un lenguaje renovado y contemporáneo, abandonando las expresiones de culpabilidad y moralidad” y creen necesario “restaurar la confianza en la Iglesia”, y en ese punto, el "problema de los abusos sexuales y su gestión" no ayuda a la brecha de credibilidad entre la Iglesia y la sociedad.
Muy destacado es también el hecho de que el documento de síntesis apunte a la necesidad de abrir las condiciones de acceso al sacerdocio: “De todas partes llegan llamamientos para abrir el ministerio ordenado a las mujeres y a los casados. Los argumentos son diversos: la escasez de ministros de culto, la calidad de la atención pastoral, el reparto de responsabilidades, la felicidad de los ministros y la credibilidad fundamental de la institución. [...] También se subraya un sentimiento de injusticia respecto al lugar de las mujeres en la Iglesia”.
Y aunque las opiniones coinciden en que la gente “siente una gran distancia de la comunidad de creyentes”, sin embargo "hay belleza en la Iglesia", señala la síntesis de los informes diocesanos presinodales. “Es un lugar de curación y esperanza, un lugar de acogida”.
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