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“Algunas reformas no son compatibles con el Evangelio”, señala
Las reformas son necesarias, pero la Iglesia no debe convertirse en “una masa que se puede amasar y moldear para adaptarse a la situación”. Es la advertencia que el pasado domingo 19 de junio vertió el cardenal Walter Kasper (89 años) en una conferencia sobre el proyecto de reforma del Camino Sinodal de la Iglesia católica en Alemania.
El expresidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos señaló que un sínodo debe escuchar lo que el Espíritu Santo tiene que decir a la Iglesia hoy sobre “las correcciones que debemos hacer y la dirección que debemos tomar”, pero, añadió, “no puede haber respuestas ideológicamente predeterminadas a estas cuestiones que se imponen por los votos de la mayoría”.
En este sentido, apuntó en su conferencia que, incluso la convocatoria de un Consejo Sinodal permanente de la Iglesia católica alemana, reclamado por muchos, sería “no una renovación, sino una innovación inaudita” y que, en muchos aspectos, “quiere equiparar los puntos de vista humanos con el Evangelio”.
Kasper apuntó como el “pecado original” del proyecto del Camino Sinodal alemán el hecho de que, desde el principio, se dejara “más o menos de lado la carta del Papa y su propuesta de partir del Evangelio y de la misión básica de evangelización y se optara por un camino propio con criterios en parte diferentes”.
No dudó el purpurado alemán en asegurar, tal y como recoge la agencia KNA, que “algunas de las declaraciones hechas hasta ahora en el diálogo sobre la reforma no eran compatibles con el Evangelio” y criticó los intentos de cambiar el cargo de obispo como “piedra angular de la antigua Iglesia”.
“Quien sierra esta columna rompe el cuello de la Iglesia”, afirmó, aseguradno que los obispos podrían “dejar de ejercer de facto la tarea y la autoridad que se les ha confiado si renuncian voluntariamente a ella en un acto de autocompromiso y declaran seguir las decisiones del Sínodo o del futuro Concilio Sinodal”. “En última instancia -zanjó-, tal autocompromiso equivaldría a una renuncia colectiva de los obispos”.
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