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"Después de Auschwitz también es necesario un examen de conciencia cristiano", afirma el P. Deselaers
“Aquí se ha perdido la humanidad. Las personas sólo eran importantes si podían trabajar. El hecho de que una ideología así funcionara de tal manera es impactante”. El sacerdote alemán Manfred Deselaers lleva 35 años haciendo campaña por la reconciliación en el campo de concentración de Auschwitz a través del Centro Católico para el Diálogo y la Oración. Esa vecindad al hoy monumento en recuerdo del Holocausto le ha servido para profundizar en su fe, pero también para darse cuenta de que ese recuerdo debe permanecer.
“Mi fe se ha vuelto más profunda. La ideología nazi de que los prisioneros no tenían dignidad estaba equivocada. Fueron amados por Dios. Me lo confirman mis encuentros con exprisioneros. Hay gente desesperada en este lugar. Otros dicen que su fe los ha mantenido vivos. Para mí, modelos a seguir como Maximiliano Kolbe, que dio su vida por otro prisionero, están relacionados con la fe cristiana en la resurrección. Pero después de Auschwitz también es necesario un examen de conciencia cristiano: ¿En qué han fracasado los cristianos?”, se pregunta el capellán en entrevista recogida por Katholisch.
“Auschwitz ya no está tan presente como en las dos generaciones anteriores. Pero la sorpresa de que algo así haya sido posible debe permanecer. Es muy importante entender que también es mi responsabilidad asegurar que algo como aquello no vuelva a suceder”, avisa Deselaers, quien asegura que “nunca hacemos lo suficiente” para asegurarse de que no vuelva a repetirse aquel horror.
“Necesitamos una visión de cómo debería funcionar nuestro mundo. Por supuesto que hay cuestiones como la migración que causan problemas. Pero tenemos que aprender a lidiar con esto. La pregunta es: ¿cuál es nuestra relación con aquellas mujeres y hombres que quieren venir a nuestro país? ¿Seguirán siendo mis hermanos y hermanas o son personas que simplemente deberían irse? No se debe perder el respeto por los demás”, advierte el capellán ante la creciente xenofobia en Alemania y el auge de partidos de ultraderecha de tinte neonazi.
“Hay que buscar en Auschwitz el bien que debería haberse protegido: por ejemplo, el poder del mensaje sobre la dignidad de todas las personas. No son los nazis quienes tienen la última palabra sobre Auschwitz, sino este mensaje. Mi esperanza es que esto brille con especial fuerza. El día de la liberación de Auschwitz se ha convertido desde hace tiempo en un punto de encuentro para políticos de todo el mundo. No vienen sólo a celebrar el final de algo malo. Más bien, sienten que este lugar conlleva una obligación positiva”.
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