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El superior general de la FSSPX, Davide Pagliarani, lo considera un ejemplo “de modernismo”
“Es un método confuso que se ha lanzado sin saber todos los posibles resultados. Es un deseo decidido de poner patas arriba a la Iglesia. La Iglesia-enseñanza ya no se ve a sí misma como depositaria de una Revelación que viene de Dios, y de la cual es custodio, sino como un grupo de obispos asociados al Papa, que escuchan a los fieles, y en particular a todas las periferias, es decir, con especial atención a todo lo que las almas más enajenadas puedan sugerir. Es una Iglesia donde los pastores se convierten en ovejas y las ovejas en pastores”.
Hubiese sorprendido lo contrario, pero a la luz de estas declaraciones, al superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, no le ha hecho ninguna gracia el proceso sinodal en el que el papa Francisco ha embarcado a la Iglesia católica, y cuyas primeras concreciones se verán ya este mes de cotubre en Roma, a la espera de la asamblea final de octubre de 2024.
Según reconoce el superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el Sínodo sobre la Sinodalidad representa “la quintaesencia de un modernismo maduro y perfeccionado”. “Desde un punto de vista eclesiológico, la revolución sinodal debe impactar y transformar profundamente a la Iglesia en su estructura jerárquica, en su funcionamiento y, sobre todo, en su enseñanza de la fe.”, según recoge la web del instituto fundado por el cismático arzobispo Marcial Lefebvre.
“La idea subyacente es que Dios no se revela a través de los canales tradicionales de la Sagrada Escritura y la Tradición, que están custodiados por la jerarquía, sino a través de la ‘experiencia del pueblo de Dios’”, añade Pagliarani. “Esta idea está en la base misma de todo el edificio modernista. San Pío X construyó toda su encíclica Pascendi sobre la denuncia de esta falsa idea de la Revelación”, continúa el eclesiástico, que no parece dar crédito. “A largo plazo, no queda mucho de lo eterno, lo trascendente o lo inmutable”, remacha.
Tan es así que, preguntado sobre la síntesis final de las fases de escucha enviada a la Secretaría General del Sínodo, no parece aún recuperado de su estupor. Ante la pregunta de si hay algún aspecto “que se destaque como particularmente peligroso”, la respuesta es, sin duda, para los seguidores de la FSSPX desoladora: “Desafortunadamente, ¡la mayoría de los pasajes son aterradores!”.
Sin embargo, hay dos que le preocupan especialmente, porque “me parecen resumir la intención de todo el documento, y en particular, el deseo de cambiar la esencia misma de la Iglesia Católica, a través del proceso sinodal”.
“En primer lugar, en relación con la autoridad, hay una voluntad explícita de reconocer una Iglesia que funciona a la inversa, y en la que la Iglesia-enseñante ya no tiene nada que enseñar”, en donde “abogan por una Iglesia sin doctrina, sin dogmas, sin fe, y en la que ya no hace falta autoridad para enseñar nada. Todo se disuelve en un espíritu de ‘amor y servicio’, sin saber realmente lo que esto significa –si es que significa algo– ya dónde conduce”.
Y, en segundo lugar, el atribulado superior general estima que este proceso sinodal conduce a una Iglesia que “ofrece a la humanidad una enseñanza que ya no corresponde a la transmisión de una Revelación trascendente. La Iglesia se reduce a proponer un ‘evangelio’ disminuido y naturalizado, que se convierte en un simple libro de reflexión y consuelo, adaptado a todos sin distinción”
“Los principios morales tradicionales, así como la fe, se transforman así en opiniones optativas”, prosigue, en lo que Pagliarani considera una forma de ejercer la autoridad que “pasa por el mismo mecanismo que rige en las democracias modernas: lo que no se puede aprobar hoy, se aprobará mañana”, por lo que, en su opinión, “el mecanismo desencadenado por la sinodalidad” está llevando a la Iglesia católica “ante el ejemplo más consumado del modernismo”.
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