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No busca frenar la salida de la Unión Europea, sino para contribuir "a la emergencia de un país dinámico"
El arzobispo anglicano de Canterbury, Justin Welby, ha aceptado "en principio" presidir una asamblea ciudadana sobre el Brexit. No en aras de parar la eventual salida del Reino Unido de la Unión Europea, sino para "contribuir a la emergencia de un país dinámico y unificado" tras la partida prevista por el primer ministro Boris Johnson el 31 de octubre.
The Times informó ayer que políticos de diferentes partidos a favor de la permanencia del país en la Unión habían pedido a Welby que presidiera una serie de reuniones públicas diseñadas para plantear alternativas a un Brexit sin acuerdo.
Políticos pro-Brexit enseguida se le echaron encima. Lo que provocó que Welby explicara su postura en un comunicado.
El cabeza de los anglicanos del mundo dijo que aceptaría presidir las reuniones si se cumplieran al menos tres requisitos.
Primero, que el foro no se utilizara "como caballo de Troya para retrasar o prevenir el Brexit de cualquier forma". "Aquel poder sí lo pueden ejercer el gobierno y los diputados en el Parlamento", recordó. Segundo, que el foro gozara de un apoyo multipartidista. Y tercero, que el foro se organizara con suficiente antelación como para llevarlo a cabo en condiciones.
Aunque de esta forma Welby se ha desmarcado de un proceso esencialmente partidista, las asambleas ciudadanas aún tienen importantes implicaciones políticas en los países anglosajones.
Y así lo reconoció el arzobispo de Cantebury, recordando en su comunicado que "en muchos sitios y en situaciones difíciles, este tipo de foro ha dado paso a deliberaciones cuidadosas, si desarrollados en el momento justo con una representación genuina".
Un caso reciente de una exitosa asamblea ciudadana es la que se organizó en Irlanda.
El parlamento encargó a un comité de 99 ciudadanos más un presidente -escogidos al azar para ser electoralmente representativos- la consideración de cinco asuntos importantes para la vida del país: el aborto, el cambio climático, el declive demográfico, la organización de los referéndums y la duración de las legislaturas.
Durante 18 meses, los ciudadanos se reunieron durante 12 fines de semana para escuchar a expertos y para deliberar.
Un fruto de dichas deliberaciones fue el referéndum sobre el aborto en mayo del año pasado.
Gracias a esta participación democrática por la que votó la asamblea ciudadana, el voto a favor de legalizar las interrupciones de los embarazos rompió un bloqueo de 35 años en el país sobre la cuestión y liberalizó una de las leyes del aborto más estrictas de Europa.
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