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"Cerrarse es una postura que considero débil y que nos hace pensar que somos débiles ante el mundo"
¿Cómo es la Iglesia del presente? ¿Cómo será la Iglesia del futuro? A estas y otras muchas preguntas responde, en una extensa entrevista en La Civiltá Cattolica, el presidente del episcopado italiano, Matteo Zuppi. Durante la conversación con el nuevo director de la publicación, el purpurado reflexiona sobre las distintas formas de ver la Iglesia planteado distintas reacciones a las propuestas de Francisco.
Así, "está la identitaria, muscular, 'conflictiva', ante el mundo que nos cambia y transforma. Podemos resumirla en "encerrémonos en un monasterio'" "Una Iglesia que tiene que resistir; que internamente se reprocha no ser suficientemente identitaria y que externamente se desinteresa de la misión, sino que, preocupada por cerrar filas, reitera "lo que somos"; que cambia "el favor de todo el pueblo" de los Hechos por la debilidad y entiende la confrontación como defensa de la verdad; que habla sólo "a los nuestros" en lugar de preocuparse por hablar a los demás; que no va en busca de la oveja descarriada y pone a prueba a las que vuelven", lamenta, insistiendo en que "cerrarse es una postura que considero débil y que nos hace pensar que somos débiles ante el mundo".
"Debemos preguntarnos por qué la Iglesia consigue comunicar demasiado poco, hasta el punto de identificarse con un sistema de reglas morales de las que, sin embargo, no se explica el contenido: se insiste en la letra, pero no se sabe explicar el espíritu. En definitiva, una Iglesia poco atractiva y poco cercana a las opciones de las personas, en un contexto individualista y nihilista", recalca Zuppi.
Esta es una de la razones de la crisis por la que atraviesa la Iglesia europea y, entro de ella, la italiana. Pese a todo, el cardenal de Bolonia subraya que "la Iglesia en Italia sigue teniendo un peso y una gran visibilidad, que va mucho más allá de los límites que podríamos trazar. (...) Es una Iglesia que sigue siendo representativa, que ha sabido estar cerca, que se ha convertido casi en el lugar "natural" de encuentro".
¿Es posible una Iglesia de 'todos, todos, todos', como proclama el Papa Francisco? Sí, responde Zuppi, aunque advierte: "Creo que decir 'a todo el mundo' no significa que la Iglesia se convierta en un hotel, sino que el verdadero reto es ser un hogar".
Porque, añade, "existe la tentación de que la Iglesia se convierta en un hotel: un hotel con más o menos estrellas, con tradiciones y sensibilidades diversas, una Iglesia que al final se empobrece". "Pero a esta tentación no se puede resistir con costumbres, como diría el Papa, o con filtros: el reto es hacer que todos se sientan como en casa", insiste.
"Si no nos damos cuenta de que la Iglesia -y la parroquia- es 'más' de lo que estamos acostumbrados a pensar que es, aplicamos criterios por los que pensamos que todo es malo", advierte el cardenal, quien admite que "existe la tentación de reducir la Iglesia a uno de los muchos organismos asistenciales baratos, o a uno de los muchos servicios que hay que consultar. Pero ahí está el desafío".
En este sentido, recalca, "el Papa Francisco tiene mucha más fe en nosotros de la que nos damos al pensar que "no somos capaces", que estas cosas son demasiado difíciles. Quizás somos nosotros los que hacemos algunas cosas demasiado difíciles, en busca de certezas que nunca son suficientes; o, también se revela que nuestra propia pertenencia está ideologizada, o es humanamente muy pobre".
Finalmente, y preguntado por su labor de mediación en Ucrania, Zuppi destacó cómo "el gobierno ucraniano ha agradecido oficialmente a la Santa Sede, junto con Qatar y Unicef, lo que se ha hecho por la cuestión de los niños capturados durante el conflicto. También hubo una declaración oficial de los rusos". Ello no quita para que admita que "se necesita mucho más y esperamos que esto dé el impulso necesario para encontrar oportunidades que ayuden a resolver el conflicto".
"El Papa Francisco no se resigna. Pero la llave de la paz no está en el bolsillo de nadie: hay que encontrarla juntos. Tanta diplomacia y tantos espacios para verificar y crear. Y el aspecto humanitario es una cuestión muy importante. La guerra no se humaniza, pero intentamos no perder humanidad y mitigar algunas de sus trágicas consecuencias. Esperamos que la comunidad internacional converja para encontrar soluciones justas y seguras", finaliza Zuppi.
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