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"La única solución en el horizonte es marcharse"
(Vatican News).- "Lo primero que me piden es ayuda para emigrar". El nuncio apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari, cuenta con dolor el deseo que expresan los jóvenes sirios en particular cuando se encuentran con él.
"No ven un futuro", explica el cardenal, evocando una imagen tristemente indicativa de la situación del país en estos momentos: "a oscuras, con frío y en fila frente a las panaderías que venden pan a precios regulados por el Estado". Las condiciones están al borde de la subsistencia para gran parte de la población.
"Es la catástrofe humanitaria más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial", dijo el nuncio, quien señaló que una vez más el tema se colocó en la apertura de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco el día de Navidad. Para muchas familias sirias, la única solución en el horizonte es marcharse. "Muchos se fueron recientemente a Europa y ahora están atrapados en Ucrania", advirtió el cardenal. Y eso no es todo: "He sabido de fuentes directas que las familias pagan a los traficantes unos 20.000 dólares para llegar al Viejo Continente". Costes desorbitados para el nivel de vida en esas zonas. "La gente tiene que vender lo poco que tiene, endeudarse y luego quizás verse obligada a volver".
Esta información recuerda a Occidente lo que lleva a los sirios a abandonar su tierra y sus afectos. Sin embargo, según el cardenal Zenari, el riesgo es que el mundo pase por alto la tragedia siria. Durante los últimos dos o tres años -dice-, Siria ha sido olvidada: las noticias sobre ella ya no encuentran espacio en los medios de comunicación, por lo que el grito de dolor de tantos de nuestros hermanos y hermanas no se escucha. El sufrimiento se ve aliviado por la ayuda que llega constantemente al pueblo, también a través de la Nunciatura.
El cardenal Zenari expresa su agradecimiento a los numerosos "buenos samaritanos". Entre ellos -añade- no sólo están los personas con capacidad económica, sino también personas que no la tienen. Y me conmueve su generosidad: son gotas de agua o grifos en el desierto. Estamos intentando aumentar estos grifos, pero necesitamos que la comunidad internacional abra un río de ayudas para Siria". El cardenal recordó que, según los expertos, se necesitan al menos 400.000 millones de dólares para iniciar la reconstrucción, poner en marcha la economía y devolver la esperanza a la población.
Mientras tanto, la labor caritativa que realizan los escasos cristianos que quedan en el país es incansable. Uno de los proyectos activos se refiere al casi inexistente sector sanitario. Se llama "hospitales abiertos" y consiste en prestar asistencia a los pobres en tres instalaciones católicas, dos en Damasco y una en Alepo. "En cuatro años se ha atendido gratuitamente a 60.000 enfermos de todas las etnias o religiones. Un proyecto que también persigue la reconstrucción social. "Muchas familias musulmanas", dice Zenari, "se sorprenden de la generosidad de los cristianos". "Y así intentamos fomentar el diálogo y la convivencia entre religiones, que es muy importante".
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