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Algunas fuentes aseguran que se queda para pagar las deudas a sus vecinos musulmanes
Hace unos meses aseguraba que si los talibanes llegaban al poder en Afganistán, él se iría a Israel. Desde hace más de una década, Zabolon Simantov, de 62 años recién cumplidos, es el único judío que reside en este país de mayoría musulmana. Ahora ha cambiado de parecer, y mientras EEUU se apresura a sacar a toda su gente del país antes del 31 de agosto y miles de afganos intentan huir de la amenaza talibán, Simantov, cuya historia ha llenado páginas en medios de comunicación de todo el mundo durante los últimos meses, ha decidido que se queda.
Simanov se queda y no lo hace por falta de oportunidades para viajar: ofertas de evacuación ha tenido, incluso se le ofreció un avión privado. De hecho, desde la organización de apoyo a la población judía presidida por el empresario israeloamericano Moti Kahana se daba por hecho que se marcharía. Tanto es así que tenía hecha la maleta, pero cuando pidió 50.000 dólares a Kahana, que se negó ipso facto y en rotundo a concederle, el plan de evacuación se truncó.
Sobre este asunto, existen diferentes versiones. Algunas afirman que la intención de Simantov era pagar las deudas a sus vecinos musulmanes de Kabul. Otra, procedente de medios de Israel, aseguran que el judío quería contar con dinero para eludir al régimen de prisión al que se vería sometido en Israel por seguir negando, tras veinte años, el divorcio religioso a su esposa judía, que vive en Israel junto a sus dos hijas.
Sea como sea, este vecino de Kabul que vive en la sinagoga, parece no temer al futuro, a pesar de que durante el anterior periodo de dominio talibán en el país, entre 1996 y 2001, tuvo malas experiencias con el régimen. No en vano, fue en esa época que decidió enviar a Israel a su familia por razones de seguridad. Él se quedó, en un acto de “valentía” para montar un negocio de exportación de alfombras arruinado posteriormente por los talibanes.
A partir de 1998, Simantov vivió en la sinagoga junto 'al otro' superviviente de la comunidad hebrea: Isaac Levin. La nefasta relación entre ambos fue tan delirante —Simantov quería que Levin se marchara y este a su vez lo acusaba de querer vender una Torá de más de 400 años de antigüedad— que la policía talibana tuvo que intervenir más de una vez porque se denunciaban el uno al otro ante el régimen. Su historia trascendió hasta llegar al teatro y al cine.
La paz entre ambos llegó en 2005 con la muerte de Levin. “La mitad de los judíos de Afganistán se han ido con él”, precisó, no sin cierta sorna, Simantov. Desde entonces, es el único judío de Israel. Y bajo esa etiqueta, se dispone a afrontar un futuro oscuro que no le intimida.
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