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La monja feminista de la teología "queer" se reafirma en sus posiciones
"Una devastación de las Órdenes Religiosas, surgidas del Vaticano II". Así han definido a Teresa Forcades diferentes voces de grupos fundamentalistas católicos. "La monja abortista", la llamaron los ultras cuando dijo que no estaba a favor del aborto, "pero sí de su despenalización".
Entrevistada por Micromega, la monja de clausura y teóloga feminista española reivindica una lectura del "cuerpo" que haga justicia al placer femenino. Denuncia que el cuerpo de las mujeres, que dentro de la cultura patriarcal, se ha considerado objeto del deseo y la violencia de los hombres, debe liberarse definitivamente de ese control. "Muchas mujeres del pasado no conocían el orgasmo aunque habían tenido relaciones sexuales y se habían convertido en madres muchas veces", dice Forcades. En cambio, "la mayoría de las mujeres de hoy en día conocen los diferentes tipos de orgasmos y saben cómo lograrlos solas o en compañía".
La religiosa, que se aproximó a los estudios de género al conocer las teorías de la teóloga americana Elisabeth Schüssler Fiorenza, hace memoria de la Virgen María no en clave de obediencia, sino lo contrario: describiendo su virginidad en el sentido de "libertad", de que vivió "poseyéndose existencialmente, y no completamente exteriorizada en su relación con un marido (en el papel de esposa) o con un niño (en el papel de madre)".
En la misma línea, Teresa Forcades defiende que la sexualidad no está destinada a la procreación: "en el Génesis la atracción entre Adán y Eva tiene como objetivo superar la soledad". Luchadora por el derecho de cada mujer a decidir sobre su cuerpo, la monja resuelve que "todas las mujeres deberían guardar la píldora del día después en su bolso".
En la misma entrevista, la que ya declarara en 2018 que el matrimonio homosexual debería ser "reconocido como un sacramento", afirma creer en la existencia de un Dios que no es ni femenino ni masculino. Desde esta teología "queer", Forcades manifiesta poseer una concepción de la persona que trasciende todas las categorías (de género, clase, raza). En la educación de los menores, por ende, "no creo que sea bueno ponerlos en una categoría de género rígida", argumenta. Defensora, en fin, de una sociedad y una catolicidad que en vez de apretar, liberen a las personas, declara que no ve "ningún obstáculo teológico para la ordenación de las mujeres".
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