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Bernardito Auza exige un fin a estos crímenes que cometen incluso cascos azules
Con 13 votos a favor y dos abstenciones (Rusia y China), el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado miércoles una resolución para contrarrestar la violación como arma de guerra, luego de una dura batalla, pues inicialmente los Estados Unidos se opusieron a dicha Resolución porque contenía referencias a la asistencia de "salud reproductiva", que implicaba apoyar prácticas abortivas. En el texto final, esta referencia fue eliminada, junto con la parte relacionada con el establecimiento de un nuevo mecanismo para monitorear e informar estas atrocidades en la guerra, debido a la oposición de Estados Unidos, China y Rusia.
El Arzobispo Bernardito Auza, Observador Permanente ante la ONU en Nueva York participó en el debate previo a la votación de la Resolución, junto al Secretario General Antonio Guterres, la ganadora del Premio Nobel de la paz Nadia Murad, la joven yazida secuestrada y tenida como rehén por el autodenominado estado islámico, y Denis Mutwege, el médico de la República Democrática del Congo que se especializó en el cuidado de mujeres víctimas de violencia sexual.
Durante el debate, Mons. Auza reiteró la firme condena de estas "inaceptables atrocidades" cometidas por bandas armadas, terroristas, pero también ejércitos regulares, incluidos, en algunos casos, militares enviados por las Naciones Unidas "para servir a la noble causa de la paz y la seguridad". "El silencio y la impunidad contra estos crímenes – subrayó – deben terminar y dar paso a la responsabilidad, la justicia y la reparación".
Pero en su discurso, el Observador Permanente también llamó la atención sobre el tema de los niños concebidos debido a la violencia sexual sufrida en las áreas de conflicto: "Los derechos humanos de estos niños – enfatizó fuertemente – deben ser respetados y garantizados, como en cualquier otro niño”. Según la Santa Sede, estas jóvenes e inocentes vidas deben ser bienvenidas, amadas, no estigmatizadas o rechazadas y tampoco se les debe negar el derecho a nacer.
Por último, Mons. Auza expresó su esperanza en que este debate abierto en la ONU sobre este tema dramático “pueda ayudar a los sobrevivientes y las víctimas a encontrar la curación y la esperanza” y pueda además servir para “el establecimiento de mecanismos más sólidos que permitan enjuiciar a quienes han cometido esta violencia”.
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