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Según los ritmos marcados por el Status Quo que regula la vida de las confesiones cristianas en los santos lugares
(Vatican News).- Acompañado por dos filas de frailes franciscanos, monseñor Pierbattista Pizzaballa, patriarca de los latinos, cruzó las puertas del Santo Sepulcro el sábado 25 de febrero a las 14:00, anticipándose media hora al representante de la iglesia armenia, según los ritmos marcados por el Status Quo que regula la vida de las confesiones cristianas en los santos lugares. Así lo informa la Custodia de Tierra Santa en su sitio web.
A la entrada solemne – se explica en la nota - siguió la ritual procesión cantada que, desde la capilla de la Aparición del Resucitado, recorrió el tradicional itinerario que realizan los franciscanos cada día en el interior de la basílica desde el lejano 1336.
Durante la noche del sábado al domingo, los franciscanos se reunieron en el Santo Sepulcro para el solemne Oficio de Lecturas y la misa de vigilia presididos por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton. Se trata de una tradición que se repite desde, por lo menos, 1754, los domingos de Cuaresma desde el primero hasta el de Ramos. Según el Status Quo, el oficio de lecturas se celebra con los tres cánticos del Antiguo Testamento en la capilla de la Aparición.
Textos y ritos ponen de manifiesto el carácter pascual de la celebración de la vigilia, que culmina con la proclamación del evangelio de la resurrección. Una particularidad de esta liturgia especial de vigilia es que durante la procesión alrededor del sepulcro vacío, se canta el Benedictus, intercalado con la antífona en latín que dice “el ángel del Señor bajó del cielo: volcó la piedra y se sentó sobre ella”, seguida del Aleluya. El hecho de que se exprese el “Aleluya” en el tiempo litúrgico en que se espera la resurrección se debe a la prevalencia del lugar donde tuvo lugar la Pascua de Resurrección sobre el tiempo de Cuaresma. Desde los tiempos de Egeria, que da testimonio de ello, en Tierra Santa, de hecho, el lugar influye más en la liturgia que el tiempo del que se trate.
En mitad de la noche y al terminar el oficio de lecturas, el padre Custodio celebró la misa del domingo en la capilla de la crucifixión, en el Calvario. El evangelio, que narra el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto, inspiró las palabras de la homilía de fray Francesco:
"La mejor manera de vencer la tentación es, por un lado, alimentarse de la palabra de Dios y, por otro, confiar en Él en vez de desafiarlo, obligándolo a hacer milagros. En tercer lugar, hemos escuchado que, para vencer la tentación, Dios es quien debe ser adorado, quien debe estar en el centro de nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra persona, porque en el momento en que dejemos de adorarle a Él nos convertiremos en esclavos de otras realidades"
Exhortando a los fieles a vivir con fe este tiempo de Cuaresma, el padre Patton concluyó:
"La Cuaresma nos pone frente a una realidad de fragilidad, pero también nos da las herramientas para no ser víctimas, rehenes ni esclavos de ella. Por eso, queremos recorrer con confianza estos cuarenta días hacia la Pascua, hacia ese día en que recordaremos el don de la vida nueva que recibimos en nuestro bautismo. Empezamos este camino precisamente aquí, en el Calvario, el lugar donde la obediencia de Jesús al Padre llegó hasta el punto de entregar su propia vida"
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