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El administrador apostólico de Jerusalén, sobre el ejemplo de San Francisco y el Sultán
(Vatican News).- Continúan en Jerusalén los actos organizados por la Custodia de Tierra Santa, que en estos días celebra el octavo centenario de la Peregrinación de la Paz de San Francisco, que permaneció en los lugares de Jesús hasta 1220, y el encuentro que el Pobre de Asís tuvo con el Sultán de Egipto, Al-Malik Al-Kamil.
San Francisco fue peregrino y testigo de la paz en Tierra Santa, superando la lógica del choque de civilizaciones para creer en la posibilidad del encuentro fraterno con toda criatura. Un lenguaje y una apertura de espíritu cada vez más necesarios hoy en día. Así lo señala, el Arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén.
"La de San Francisco y el Sultán es la imagen que necesitamos para reanudar el diálogo que siempre ha sido tan sufrido, pero que hoy es más necesario que nunca: el diálogo entre la Iglesia, entre el mundo cristiano y el mundo islámico. Las migraciones, los cambios, los grandes problemas sociales que existen hacen cada vez más necesario y evidente este diálogo, que no puede ser sólo político, social o económico, sino que debe ser sobre todo religioso y cultural", explica el prelado recordando que la imagen de San Francisco con el Sultán "es poderosa", como también lo es la otra imagen de este año, del Papa Francisco en Abu Dhabi.
Plantar un árbol hoy en día es un gesto bastante común, pero significativo: indica que sembramos una semilla, entonces los árboles crecerán lentamente, echando raíces, volviéndose muy fuertes e indestructibles. La señal es la siguiente: estamos lanzando la semilla, estamos creando una nueva perspectiva que necesitará tiempo y tendrá que crecer. Pero el árbol, para vivir, también necesita ser mantenido, por lo que necesita agua, necesita cuidados. Por lo tanto, debemos iniciar este camino y cuidar las relaciones entre nosotros para que este árbol crezca con cada vez mayor vigor.
San Francisco dejó un legado importante: dejó aquí una presencia franciscana que tiene 800 años, vinculó la vida de la Iglesia a esta tierra. Si recordamos la historia de la salvación, también debemos recordar el lugar donde ocurrió la historia de la salvación, la geografía de la salvación, que es la Tierra Santa, y así nos permitió hacer del mensaje cristiano no sólo un mensaje sino una realidad que podemos encontrar.
Dejó aquí muchas semillas: el encuentro entre Bartolomé y el Papa Francisco, luego el encuentro entre las Iglesias; el encuentro con líderes religiosos no cristianos, judíos y musulmanes. Las semillas han sido plantadas: ahora nos toca a nosotros hacer crecer este árbol.
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