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El patriarca Latino de Jerusalén presidió la Misa de Año Nuevo
"La paz habla, pero nadie o pocos la escuchan": afirmó el patriarca latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, celebrando este miércoles en Jerusalén la solemnidad de María Madre de Dios y la Jornada Mundial de la Paz.
En su homilía, el patriarca instó a "rezar por la paz en Tierra Santa, donde tantas generaciones se han sucedido una tras otra sin haberlo sabido", reconociendo que "ahora estamos en uno de los peores momentos, en cuanto a las perspectivas posibles de paz".
"Nunca antes las instituciones políticas e incluso religiosas, incluidos nosotros, habían mostrado su debilidad. La espera de soluciones justas y verdaderas de paz para los pueblos de esta Tierra parece verse continuamente frustrada por acontecimientos que, en cambio, hablan de lo contrario", agregó.
De ahí la invitación a "mirar hacia arriba" en este momento difícil y en esta tierra nuestra herida. Buscando acoger el don que Dios ha hecho a la humanidad, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre".
El cardenal Pizzaballa expresó la convicción de que "la paz, la verdadera paz que hoy invocamos con particular fuerza, surge ante todo de esta decisión de escuchar la palabra que Dios nos dice, de ir a ver, es decir, de acoger, que Jesús y convertiros en sus discípulos". Por tanto, "escuchen sin demora, porque la paz habla, pero nadie o pocos la escuchan. La paz, de hecho, habla un lenguaje comprensible sólo para aquellos que deciden sin dudarlo ir a "verla", como los pastores".
"La paz -dijo- sólo puede ser encontrada por aquellos que están dispuestos a dejar espacio para lo que el Señor nos hace saber y no simplemente seguir sus propios pensamientos y deseos de poder".
Para el patriarca, "hoy en esta tierra nuestra, tan marcada por tanto odio, hay todavía muchas personas que desean y están comprometidas con la paz". Debemos "estar dispuestos a buscarlos, a crear con ellos contextos de vida diferentes, sin temer las opiniones ajenas, sin temer los inevitables malentendidos".
En este año jubilar y, "en general, en toda nuestra vida personal, social e incluso eclesial, tendremos que pasar del conocimiento al reconocimiento". Encontrar a Jesús significa caminar por su camino, significa tomar su cruz, es decir, su modo de actuar y de amar".
"La verdadera paz -reiteró Pizzaballa- es un don pero también una tarea paciente y agotadora, hecha de renunciar al propio egoísmo y a las propias pretensiones, para entrar en la lógica del Reino. Sin esta voluntad de convertirnos en discípulos de Cristo, tal vez seremos capaces de hacer treguas y compromisos, pero no experimentaremos la verdadera paz".
La contribución más auténtica que los cristianos podemos y debemos hacer a la causa de la paz deriva de esto: recordar a todos que la paz nunca será simplemente fruto de acuerdos humanos. Hemos visto cuán efectivos son estos acuerdos. En cambio, siempre vendrá del amor, el verdadero que es la plenitud (y no lo contrario) de la justicia, y que, lo reconozcamos o no, tiene para nosotros el rostro y el nombre de Jesús, que nació, murió y resucitó por nosotros".
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