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"vivimos tiempos deifíciles", apunta el custodio de Tierra Santa
Dedicar el día de la Solemnidad de la Asunción de María, 15 de agosto, a la súplica por la paz en Oriente Medio y en el mundo entero". Esta es la invitación que el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, dirige -junto con el llamamiento de ayer del cardenal Pierbattista Pizzaballa- a los frailes de la Custodia en una carta.
"Vivimos tiempos muy difíciles, en los que es particularmente importante rezar por la paz", comienza Patton en la misiva, en la que señala como " signo de esperanza" el hecho de que las partes implicadas hayan acordado reanudar las conversaciones para el alto el fuego en Gaza, la liberación de rehenes y la excarcelación de presos políticos. Todo ello, subraya el custodio, ha tenido lugar "en el mismo día en que celebramos a María asunta al Cielo en cuerpo y alma, signo de segura esperanza y consuelo para nosotros, peregrinos en la tierra".
Por eso, Patton invita a dedicar las celebraciones de la Asunción a la oración por la paz: "Sabemos -escribe, citando el Apocalipsis- que cuando aparece en el Cielo el signo de la Mujer a punto de dar a luz, aparece también el dragón infernal, que se desata contra sus hijos, pero al que se opone la milicia celestial dirigida por san Miguel Arcángel". "Por eso -añade- consideramos aún más importante que este día sea de intensa oración". Para este importante día, el custodio solicitó y obtuvo la aprobación eclesiástica del Patriarca latino de Jerusalén para la Oración a la Virgen. El mismo Patriarcado utilizará esta fórmula.
Gloriosa Madre de Dios,
exaltada sobre los coros de los ángeles,
intercede por nosotros con el arcángel san Miguel,
con todas las potencias angélicas de los cielos
y todos los santos,
ante tu Santísimo y amadísimo Hijo,
Señor y maestro.
Obtén para esta Tierra Santa,
para todos sus hijos
y para toda la humanidad
el don de la reconciliación y la paz.
Que tu profecía se cumpla:
sean dispersos los soberbios
en los pensamientos de sus corazones;
sean derribados de sus tronos los poderosos,
y finalmente sean enaltecidos los humildes;
sean colmados de bienes los hambrientos,
sean reconocidos como hijos de Dios
los que procuran la paz
y los mansos hereden la tierra.
Nos lo conceda Jesucristo, tu Hijo,
que hoy te ha exaltado
sobre los coros de los ángeles,
te ha ceñido con la corona del reino,
y te ha puesto en el trono del eterno esplendor.
A Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos.
Amén
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