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Como judíos y cristianos, hagamos todo lo humanamente posible para detener la guerra y abrir caminos hacia la paz”
(Vatican News).- Los judíos y los católicos tienen "en común tesoros espirituales inestimables", profesan "la fe en el Creador del cielo y de la tierra" y creen que "el Omnipotente no ha permanecido alejado de su creación, sino que se ha revelado". Así lo destacó el Santo Padre al reunirse esta mañana en el Vaticano con unos doscientos delegados del Congreso judío mundial, que representa a las comunidades judías de más de cien países.
Poniendo su mirada en las heridas de nuestra casa común, el Pontífice recordó que "las iniciativas comunes y concretas para promover la justicia requieren valor, colaboración y creatividad". "Nuestras iniciativas políticas, culturales y sociales para mejorar el mundo – añadió – no tendrán éxito sin la oración y la apertura fraterna a las demás criaturas en nombre del único Creador, que ama la vida y bendice a los pacificadores".
“Hoy, hermanos y hermanas, en tantas regiones del mundo, la paz está amenazada. Reconozcamos juntos que la guerra, toda guerra, es siempre, en todas partes, una derrota para toda la humanidad. Pienso en la de Ucrania, una grande, una guerra sacrílega que amenaza a judíos y cristianos por igual, privándolos de sus afectos, de sus hogares, de sus posesiones, ¡de sus propias vidas! Sólo con la seria voluntad de acercarse unos a otros y en el diálogo fraterno es posible preparar el terreno para la paz. Como judíos y cristianos, hagamos todo lo humanamente posible para detener la guerra y abrir caminos hacia la paz”
A través de la fe y la lectura de las Escrituras – dijo el Papa – judíos y católicos entran en relación con el Señor y se convierten en "colaboradores de su voluntad providencial".
“También nosotros tenemos una visión similar del final, habitada por la confianza de que, en el camino de la vida, no avanzamos hacia la nada, sino hacia el Altísimo que nos cuida, hacia Aquel que nos ha prometido, al final de los días, un reino eterno de paz, donde acabará todo lo que amenaza la vida y la convivencia humana”
El Santo Padre agregó: “Nuestro mundo está marcado por la violencia, la opresión y la explotación, pero todo esto no tiene la última palabra: la fiel promesa del Eterno nos habla de un futuro de salvación, de un cielo nuevo y una tierra nueva (cf. Is 65, 17-18; Ap 21, 1) donde la paz y la alegría tendrán una morada estable, donde la muerte será eliminada para siempre, donde Él enjugará las lágrimas de todos los rostros (cf. Is 25, 7-8), donde ya no habrá luto, ni llanto, ni dolor (cf. Ap 21, 4)”.
“El Señor realizará este futuro, es más, Él mismo será nuestro futuro”
A la luz de la herencia religiosa compartida, judíos y católicos "ven el presente como un desafío" que los une, "como una exhortación a actuar juntos", dijo el Pontífice. La tarea de estas dos comunidades de fe es "trabajar para que el mundo sea más fraterno, luchando contra las desigualdades y promoviendo una mayor justicia, para que la paz no sea una promesa del otro mundo, sino que sea ya una realidad en éste".
A la luz de su herencia religiosa compartida, judíos y católicos "miran el presente como un desafío" que los une, "como una exhortación a actuar juntos". La tarea de estas dos comunidades de fe es "trabajar para que el mundo sea más fraterno, luchando contra las desigualdades y promoviendo una mayor justicia, para que la paz no sea una promesa del otro mundo, sino que sea ya una realidad en éste".
“Sí, el camino hacia la convivencia pacífica comienza con la justicia, que, junto con la verdad, el amor y la libertad, es una de las condiciones fundamentales para una paz duradera en el mundo (cf. Juan XXIII, Carta encíclica Pacem in terris, 18.20.25). ¡Cuántos seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, están desfigurados en su dignidad a causa de una injusticia que desgarra el planeta y es la causa subyacente de tantos conflictos, el pantano en el que se estancan las guerras y las violencias!”
“Aquel que creó todo según el orden y la armonía, nos invita a reclamar este pantano de injusticia que aflige la fraterna en el mundo, al igual que la devastación ambiental compromete la salud de la tierra. Que el Señor – dijo finalmente Francisco – los acompañe en el camino y nos guíe juntos por el camino de la paz. Shalom”.
Los orígenes del Congreso judío mundial se entrelazan con oscuras páginas de la historia del siglo XX. Cuando 230 delegados que representaban a las comunidades judías de 32 países se reunieron en Ginebra, Suiza, en agosto de 1936 para fundar esta organización. El peligro era claro: los judíos de la Alemania nazi estaban siendo perseguidos y privados de sus derechos. Una creciente ola de antisemitismo también afectaba a las comunidades judías de toda Europa.
Inmediatamente después de su fundación, los principales objetivos de este organismo fueron la movilización del pueblo judío y de las fuerzas democráticas contra la deriva nazi, la lucha por la igualdad de derechos políticos y económicos. En la actualidad, la misión del Congreso judío mundial es promover la unidad y representar los intereses del pueblo judío y garantizar la continuidad y el desarrollo de su patrimonio religioso, espiritual, cultural y social.
El Congreso judío mundial, tal como lo recordó el Papa Francisco, "dialoga con la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo y desde hace años organiza conferencias de gran interés".
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