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Testimonio de Jamshed Eric en New York Times
(Vatican News).- En Pakistán, los descendientes de hindúes pertenecientes a las castas sociales más bajas que se convirtieron al cristianismo hace siglos, todavía siguen sufriendo discriminación laboral, relegados a realizar trabajos sucios, peligrosos y marginales, que deben aceptar forzadamente para poder sobrevivir.
Así lo denuncia un artículo publicado por el periódico New York Times el 4 de mayo de 2020, firmado por Zia ur-Rehman y Maria Abi-Habib, en el que se describe el testimonio de la sacrificada vida de Jamshed Eric, un trabajador que cada día limpia las deplorables alcantarillas de Karachi, una de las ciudades más pobres de Pakistán.
"Cuando me sumerjo en lo profundo de las calles de Karachi para limpiar con mis propias manos las alcantarillas obstruidas, le digo una pequeña oración a Jesús para que me mantenga a salvo".
Eric explica que el trabajo es agotador, y no lleva mascarilla ni guantes "para protegerse de los apestosos lodos y las tóxicas columnas de gas que acechan en las profundidades".
"Es un trabajo difícil", afirma mientras cuenta que a menudo, en la zanja de desagües está "rodeado de enjambres de cucarachas".
El artículo del New York Times continúa describiendo con detalle la dura realidad que vive el señor Eric quien, después de un largo día de trabajo, todavía debe convivir con el hedor fruto de su oficio, que perdura incluso cuando llega a su casa: un constante recordatorio de lo dura que es su vida.
"Cuando me llevo la mano a la boca para comer, huele a aguas residuales", añade.
Aunque la India ha proscrito la discriminación basada en las castas sociales con un éxito desigual, en Pakistán casi podría decirse que esta discriminación la fomenta el Estado. El pasado mes de julio, por ejemplo, el ejército pakistaní colocó anuncios en los periódicos para puestos de barredores de alcantarillado con la advertencia de que sólo los cristianos podían solicitarlos. Después de que los activistas protestaron, se eliminó el requisito religioso.
Pero lo cierto es que las municipalidades en todo Pakistán dependen de barredores cristianos como el Sr. Eric.
Tal como concluye el artículo, en la extensa ciudad portuaria de Karachi, los barredores mantienen el sistema de alcantarillado fluyendo, usando sus manos desnudas para desatascar los desagües colapsados de heces, bolsas de plástico y residuos hospitalarios peligrosos.
"Así limpian parte de los 1.750 millones de litros de residuos que los 20 millones de residentes de la ciudad producen diariamente".
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