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Los rezos colectivos del Aíd al Adha han sido prohibidos por el riesgo de contagio
Con restricciones, mascarillas y a pesar del riesgo por la epidemia del coronavirus, los musulmanes de Oriente Medio celebran hoy su fiesta grande, el Aíd al Adha, en la que degüellan corderos y otros animales para recordar cómo el profeta Abraham ofreció su hijo primogénito a Dios.
Como ya ocurrió hace poco más de un mes en el Aíd al Fitr, fiesta que marca el final del mes sagrado del Ramadán, los rezos colectivos han sido prohibidos por el riesgo de contagio, privando así a los fieles del ritual religioso más importante de estas fechas.
En Egipto, Siria, el Líbano, Irak y países del golfo Pérsico, los fieles no pudieron acudir a las mezquitas este viernes al alba para realizar el tradicional rezo del Aíd al Adha, que suele reunir a un gran número de personas en templos, plazas y calles.
En Jordania, uno de los países que adoptó las medidas más severas el pasado marzo, las autoridades han permitido a los hombres celebrar la oración colectiva en mezquitas o al aire libre, siempre y cuando mantengan las distancias y tomen las medidas preventivas.
Actualmente, el reino tiene muy pocos casos activos de coronavirus, después de que 1.049 infectados de un total de 1.187 se hayan recuperado y 11 hayan perecido.
Irak es el país de Oriente Medio que pasará el Aíd al Adha en confinamiento, bajo un toque de queda total desde el jueves, debido al aumento de los contagios en las pasadas semanas, con 2.936 nuevos infectados y 68 muertos sólo en el día de ayer.
A pesar de las restricciones y también de las advertencias de las autoridades de cada país y de la Organización Mundial de la Salud para extremar las medidas higiénicas durante la matanza, los que han podido permitírselo no han querido renunciar a sacrificar una cabeza de ganado.
En la capital egipcia, el sacrificio de corderos, cabras y hasta vacas ha tenido lugar como siempre, sin demasiadas medidas preventivas, aunque con menos afluencia que en años anteriores debido al miedo a contagiarse y también a la crisis económica.
Las autoridades han tratado de desanimar a los egipcios a realizar la matanza en las calles y les han pedido acudir a los mataderos públicos, pero esta tradición tan arraigada no se ha detenido en los barrios populares de El Cairo, donde los callejones se han cubierto de sangre un año más.
Mientras, en Dubái la matanza ha sido digitalizada y organizada más que en años anteriores: a través de varias aplicaciones los fieles pueden solicitar su turno en el matadero público o pedir que la carne les sea enviada a sus domicilios, sin tener que mancharse las manos de sangre.
La portavoz del Ayuntamiento de Dubái, Mona al Zahi, dijo a Efe que hay largas colas en el matadero público y que más de 200 voluntarios trabajan para facilitar la matanza: "Habitualmente podemos sacrificar unos 500 animales por hora pero debido a las medidas preventivas tardamos más" este año.
En el Líbano, la grave crisis económica que sufre el país, con la moneda local en caída libre frente al dólar en los pasados meses, son pocos los que pueden permitirse comprar un cordero por 300 dólares porque su precio se ha multiplicado por cinco.
"No podemos comprar carne o mucha fruta como hacíamos antes; compramos dos o tres plátanos, por ejemplo, y los repartimos", dijo a Efe una mujer de 47 años y madre de tres hijos, que se identificó como Fátima.
En la ciudad santa de La Meca, los peregrinos también sacrificaron ganado como parte de los rituales finales del "hach", al que este año sólo han podido acudir apenas un millar de fieles residentes en Arabia Saudí, frente a los más de dos millones de musulmanes que llegaron de todo el mundo el año pasado.
Los fieles afortunados han cumplido desde el miércoles con la peregrinación anual a La Meca, que culmina hoy en el Aíd al Adha, cuando los peregrinos se cortan el pelo y se quitan sus túnicas blancas sin costuras para volver a vestir su ropa habitual.
El hach ha sido el menos concurrido que se recuerda, debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus, que ha afectado a cada uno de los multitudinarios rituales, dejando una estampa muy diferente este año en los lugares sagrados y en todo Oriente Medio.
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