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El obispo de Yei, alarmado: "Las familias no pueden atender la educación y la salud de sus hijos"
(Agencia Fides).- “Los asesinatos y la violencia continúan, aunque no son tan desenfrenados como en 2016-2018. Hay emboscadas y robos en las carreteras por parte de hombres armados, asesinatos de agricultores en sus granjas por parte de guardias de ganado armados (especialmente en la región de Equatoria), asesinatos a sangre fría de religiosos y presuntos opositores políticos, largas detenciones de presuntos delincuentes sin rastro en los tribunales.
Recientemente, ha surgido un nuevo movimiento rebelde en el estado del Alto Nilo con el nombre de "Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán" (SSPLM), por el que muchas personas han perdido la vida en los últimos meses. Ante tales atrocidades, los dirigentes deben demostrar madurez política garantizando la seguridad, entablando el diálogo como mejor forma de resolver las disputas, mejorando y aumentando los servicios humanos básicos como la educación, la sanidad y la producción de alimentos, y poniendo fin al acoso de los civiles por parte del personal militar”.
En declaraciones a la Agencia Fides, Mons. Alex Lodiong, obispo de Yei, en Sudán del Sur, no oculta su preocupación por la situación de su país, atormentado por focos de guerra que, a pesar de algunos avances significativos en los últimos años, todavía no terminan de extinguirse.
“La situación - señala el obispo - todavía no es la mejor. La economía está sufriendo, los precios en el mercado han subido recientemente. Los funcionarios no reciben una remuneración regular, por lo que no pueden ocuparse de la educación de sus hijos ni de su salud y mantenimiento diario. Sólo los altos cargos del gobierno, los oficiales de alto rango del ejército y los que trabajan en organizaciones internacionales no gubernamentales (especialmente las agencias de la ONU) pueden permitirse una vida digna. Pueden pagar la educación en escuelas de prestigio fuera del país. En algunas zonas de Sudán del Sur, incluidas algunas de mi diócesis, no hay escuelas en funcionamiento y los niños nacidos en los últimos diez años nunca han ido a la escuela. Esto es muy grave”.
El Papa siempre ha seguido la suerte del país más joven de África (nacido en 2011 tras una separación de Sudán, ed), oprimido por la guerra y la pobreza desde 2013, donde el 82% de la población sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Debido a su estado físico, no pudo realizar el viaje apostólico previsto inicialmente para principios de julio: “Las expectativas y el entusiasmo de la comunidad cristiana por la visita del Papa se han visto desgraciadamente mermados. La gente esperaba de la visita del Papa palabras de aliento y de exhortación al gobierno sobre la paz y la estabilidad económica. No obstante, siguen confiando en que el Papa visite el país, tal y como prometió. Ciertamente, el beso simbólico del Papa a los pies de nuestros líderes políticos no dio el fruto que todos esperábamos. Nuestros dirigentes parecen haber ignorado el deseo de paz y estabilidad económica del pueblo de Sudán del Sur”.
El cardenal Pietro Parolin, durante su visita solidaria -realizada tras el aplazamiento de la visita del Papa- lanzó un fuerte mensaje a la población de Sudán del Sur para que cese la violencia y se comprometa en acciones concretas por la paz: “Que el Señor toque los corazones de todos, y en particular de aquellos que ocupan puestos de autoridad y gran responsabilidad, para que el sufrimiento causado por la violencia y la inestabilidad llegue a su fin, y para que el proceso de paz y reconciliación avance rápidamente con acciones concretas y eficaces”. “Esperamos que este mensaje dé sus frutos” – añade el obispo - para que cuando el Papa venga a Sudán del Sur cuando pueda, encuentre a los sudsudaneses regresando del exilio y reconstruyendo”.
Mons. Lodiong que ha visitado recientemente los campos de refugiados dentro y fuera de Sudán del Sur ha realizado un llamamiento “para que se silencien los brotes de violencia y las divisiones étnicas”.
“Hay más de 1,1 millones de refugiados en Uganda y la República Democrática del Congo – señala - según las estimaciones aproximadas que obtuve durante mis visitas a los asentamientos en estos países. Se enfrentan a problemas de subsistencia: las raciones de alimentos se reducen cada año y la comunidad de acogida (especialmente en Uganda) no les asigna tierras para la producción agrícola para complementar las raciones de la ONU”.
“Además, los refugiados por sí solos – continúa - no pueden permitirse pagar las tasas escolares de los centros de enseñanza superior. Pero no hay muchas agencias de ayuda que ofrezcan becas para que los niños refugiados que se gradúan de sus escuelas secundarias puedan cursar estudios superiores. A estos problemas se suman los relacionados con la etnia, como ha ocurrido en algunos campamentos de Uganda en el pasado reciente. El gobierno de Uganda, a través de sus agencias de servicios a los refugiados, está haciendo todo lo posible para ayudar a los refugiados para que sigan siendo pacíficos entre ellos a pesar de los desafíos a los que se enfrentan”.
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