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El arzobispo de Yangon renueva su llamamiento a la concordia en Myanmar en Pentecostés
(Vatican News).- Casi cuatro meses después del golpe de Estado militar que el 1 de febrero depuso a la líder democrática Aung San Suu Kyi, el nivel de enfrentamiento en la antigua Birmania sigue aumentando, elevando el número de víctimas a 818, mientras se reavivan los conflictos armados entre el ejército y las fuerzas autonomistas de varios Estados como Karen, Kachin y Kayah, donde en los últimos días también ha sido golpeada la Catedral del Sagrado Corazón de Pekhon.
En este dramático contexto, en su homilía del domingo de Pentecostés, el cardenal Bo reiteró la invitación dirigida a los birmanos por el Papa Francisco el 16 de mayo, durante la misa por Myanmar, a permanecer unidos y trabajar por la paz. "Hay diferencias de opinión entre la gente: algunos quieren la paz, otros quieren la confrontación con el ejército federal. Pero construir la democracia", advirtió, "no es como construir la Torre de Babel. Todos debemos hablar el mismo idioma. La democracia es un gran ideal que, sin embargo, puede ser malinterpretado. Nunca la violencia puede dar lugar a la democracia. Sólo la paz puede", añadió.
El arzobispo de Yangon advirtió entonces de las divisiones del pueblo birmano, un "mosaico de culturas" con ocho grupos étnicos principales y más de cien lenguas. "Con tantas lenguas debemos tener una visión y un lenguaje común, el de la esperanza y el amor" con el que "podemos ganar", dijo el cardenal, recordando cómo el milagro de las lenguas en el día de Pentecostés significa precisamente eso: "En Pentecostés, Dios usó las lenguas para llevar a la gente hacia sí: las lenguas ya no se usarían para dividir a la gente", como en la Torre de Babel, sino para unirla.
Después, el cardenal Bo se centró en los otros dos símbolos de Pentecostés que tienen un significado especial para Myanmar en este difícil momento: el viento y el fuego. El viento -explicó- es una manifestación del Espíritu Santo que anticipa una nueva creación, pero también es ese aire, "ese oxígeno vivificante" que falta hoy en Myanmar porque no hay paz. De ahí la exhortación a dejar que "el Espíritu Santo sople con vigor trayendo el oxígeno de la esperanza, la curación y la paz" en el país.
Por último, el presidente de los obispos birmanos recordó el símbolo del fuego, que representa la purificación. "Como nación, Myanmar necesita purificarse de sus pecados: que este fuego purifique del odio", fue la exhortación del cardenal. Pero el fuego -añadió- también representa lo constante y como su poder salvador para cambiar el mundo a través del encuentro con Cristo.
El cardenal Bo concluyó con la esperanza de que el fuego de Pentecostés pueda dar lugar a un "nuevo Myanmar de paz y reconciliación a través del poder del Espíritu Santo".
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