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El Obispo de la diócesis haitiana de Anse-à-Veau-Miragoâne, sobre la monja asesinada
(Vatican News).- Toda la Iglesia de Haití está terriblemente conmocionada por la pérdida de la hermana Luisa dell'Orto, la religiosa de origen italiano asesinada el pasado sábado durante un intento de robo.
"La consideramos una mártir", dice Monseñor Pierre-André Dumas, Obispo de Anse-à-Veau-Miragoâne, una de las diócesis más pobres del país caribeño, que ha llegado a conocer muy bien a la que ha sido llamada el ángel de los niños de la calle y de los más pobres. Nuestra pequeña hermana del Evangelio de Charles de Focauld -cuenta el Prelado, emocionado- trabajaba en una zona difícil y violenta de la periferia de la capital, Puerto Príncipe. Un área que siempre desaconsejamos. Sin embargo, la Hermana Luisa no tuvo miedo de ir a la barriada más indigente para llevar ayuda concreta a todos'.
La obra de amor y caridad de Sor Luisa ha fortalecido a la Iglesia en Haití, la ha fortificado de manera excepcional, explica Monseñor Dumas: "En primer lugar, porque ha trabajado muy bien en la educación de los más pequeños, creando, por ejemplo, hasta clases de danza y sacando a relucir las aptitudes ocultas de los niños y jóvenes, potenciándolas con profesionalidad. En segundo lugar, porque se puso en sintonía con los pobres".
En esencia, explica el Obispo, "para nuestra Iglesia local se convirtió en un punto de referencia también porque la suya fue una existencia vivida en el martirio: una persona discreta que no hacía ruido, pero que encarnaba los verdaderos valores del Evangelio". También pudimos apreciar todo esto cuando fue formadora en el seminario mayor, un trabajo excelente que duró más de veinte años".
Monseñor Dumas también intenta explicar el contexto en el que se produjo este brutal asesinato: "Hay -asegura- una carencia crónica de productos de primera necesidad y un clima de inestabilidad social que se vive en Haití desde hace mucho tiempo. Las relaciones humanas se basan en la inseguridad, porque los enfrentamientos entre clanes han generado violencia: la gente ya no puede vivir normalmente. Basta con pensar en todos los secuestros y asesinatos que se producen con preocupante frecuencia".
En un intento de curar las tensiones sociales, la Iglesia también ha puesto en marcha acciones concretas encaminadas a lograr la paz entre las distintas facciones enfrentadas. Durante demasiado tiempo", concluye Monseñor Dumas, "el pueblo haitiano ha estado sufriendo, debemos darle una oportunidad real de redención. Hay algunos signos de esperanza en el horizonte: muchos se están dando cuenta de que las cosas no pueden seguir así. Los que tienen responsabilidades deben ser capaces de encontrar soluciones, escuchando también los consejos de la Iglesia".
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