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"Basta ya. El odio y la violencia jamás tienen legitimidad. Unámonos"
El presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), el cardenal Matteo Zuppi; la presidenta de la Unión de Comunidades Judías Italianas, Noemi Di Segni, y representantes de comunidades islámicas en Italia realizaron este viernes un llamamiento conjunto para que las religiones trabajen para que cese el «odio».
«Basta ya de odio, reunámonos todos, ahora mismo, al menos en Italia, obispos, rabinos e imanes. Una reunión sencilla, directa, no convencional ni confesional, para dar testimonio juntos de una responsabilidad que sepa transmitir el auténtico mensaje de paz, esperanza y hermandad de los descendientes de Abraham», se lee en el mensaje firmado por representantes de las tres religiones.
Explican que el origen de esta iniciativa es debido a que «la fuerza de la unión está duramente puesta a prueba por lo que está sucediendo, pero con la certeza de que el diálogo debe encontrar soluciones a lo que humilla nuestra fe y perdura»
«Cada uno de nosotros, los primeros firmantes, seguramente tendría algo que aportar para expresar el dolor que proviene de nuestras respectivas comunidades, donde existen diferentes posturas y creencias, así como expectativas respecto a ciertos acontecimientos y decisiones», añaden.
En el llamamiento, dirigido a las instituciones italianas, a los ciudadanos y a los creyentes en Italia, se explica que «la conciencia de los tiempos oscuros que vivimos y del poder de la ilusión que también afecta a la tragedia actual en Oriente Medio nos llama, como líderes de comunidades religiosas, como creyentes y como ciudadanos, a denunciar la insidiosa generalización y la dañina confusión entre identidades políticas, nacionales y religiosas».
El justicialismo populista, una perspectiva supremacista desquiciada y la representación mediática del victimismo, sordos a las razones de responsabilidad, nos obligan también a denunciar la instrumentalización de la política"
«Nos insta a pedir cautela en el intercambio de información y serenidad en el tono y la acción», añaden.
Se lamenta que «el justicialismo populista, una perspectiva supremacista desquiciada y la representación mediática del victimismo, sordos a las razones de responsabilidad, nos obligan también a denunciar la instrumentalización de la política: es un mal que se esconde tras la cortina de la mayor injusticia del otro, y que solo pretende convertir a todas las partes implicadas en peones involuntarios de la destrucción del mundo reconstruido tras la II Guerra Mundial».
«El odio y la violencia jamás tienen legitimidad; solo conducen a la propagación de la crueldad por parte de quienes ambiguamente persiguen intereses paralelos, vulgarizando y corrompiendo las interpretaciones y la autenticidad de los textos sagrados para bendecir el uso de las armas y organizar la muerte de otros», concluyen.
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