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Guillotinadas en 1794 durante el Gran Terror, fueron beatificadas en 1906
(Vatican News).- La Iglesia de Francia ha dado gracias por la canonización equivalente de las dieciséis carmelitas de Compiègne, decidida por el Papa Francisco el 18 de diciembre de 2024. Guillotinadas el 17 de julio de 1794 por el Tribunal Revolucionario, durante el Gran Terror, fueron beatificadas en 1906. Reunidos en torno a monseñor Laurent Ulrich, arzobispo de París, varios obispos, entre ellos el de Beauvais, monseñor Benoit-Gonnin, de cuya jurisdicción depende Compiègn, carmelitas y decenas de sacerdotes, participaron en la misa de acción de gracias este sábado al mediodía en la catedral de Notre-Dame de París.
Al comienzo de la misa, antes de que se leyeran los nombres de las dieciséis carmelitas, el nuncio apostólico en Francia, monseñor Celestino Migliore, leyó el mensaje que el Santo Padre había enviado a monseñor Ulrich. Estas carmelitas «se ganaron especialmente la admiración de sus propios carceleros e imprimieron en las mentes y los corazones más endurecidos una beneficiosa inquietud que dejó espacio a lo divino», escribió León XIV, compartiendo la alegría de los fieles. Esto lo comprendieron bien los artistas y escritores que evocaron este martirio durante los dos siglos siguientes y «la multitud sorprendentemente silenciosa en el momento del suplicio».
Para el Sumo Pontífice, «la paz del corazón (...) era realmente fruto de una inmensa caridad, pero también de la fe y la esperanza teologales que las animaban». En el momento de subir al cadalso, «las carmelitas de Compiègne ya no son víctimas de un arresto, sino autoras de un don supremo que actualiza la ofrenda de sus votos religiosos», estima el Papa, añadiendo que, incluso despojadas de todo, «seguían siendo ricas en sus votos y en el acto de consagración por el que habían ofrecido libremente su vida a Dios «para que la paz volviera a la Iglesia y al Estado»», en referencia a los trastornos provocados por la Revolución.
Otra característica de estas religiosas que destaca León XIV: «la misteriosa fecundidad de su vida entregada por amor, siguiendo el camino trazado por Cristo, convencidas de que, incluso en medio del sufrimiento más injusto, se esconde la semilla de una nueva vida». Perdonando a sus verdugos, al pie de la guillotina, el alma de estas mártires se llenó de varios frutos: «ofrenda total, perdón y gratitud, alegría y paz», detalla el Papa. «Que podamos aprender de ellas la fuerza y la fecundidad de una vida interior totalmente orientada hacia las realidades celestiales», desea finalmente.
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