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La Iglesia local se está ocupando de la asistencia a los desplazados
"La población ha recibido con esperanza y alegría el acuerdo de tregua firmado el 7 de agosto. Ahora lo que se pide es simple: que se respete. Pedimos a los gobiernos que garanticen que los militares cumplan el pacto, para poder construir una paz auténtica y duradera", declara a la Agencia Fides el jesuita P. Enrique Figaredo, prefecto apostólico de Battambang, provincia camboyana fronteriza con Tailandia.
Según medios de comunicación y testimonios locales, continúan los enfrentamientos y disparos esporádicos en la zona limítrofe entre Tailandia y Camboya, incluso después del acuerdo alcanzado con mediación de Malasia.
"La población ha acogido con alivio la firma del alto el fuego y todos alimentamos una nueva esperanza. Sin embargo, todavía hay más de 100.000 desplazados internos en el lado camboyano, especialmente en las zonas fronterizas del norte, que pertenecen a la jurisdicción de la Prefectura Apostólica de Battambang", indica el prefecto.
"La Iglesia local se está ocupando de la asistencia a los desplazados, muchos alojados en campos de refugiados habilitados por el Gobierno y otros dispersos por el territorio" continúa. Cáritas Camboya, que ha lanzado junto a Cáritas Internationalis un llamamiento de emergencia, ya ha realizado tres misiones humanitarias para distribuir arroz, verduras, kits de higiene y telones de plástico para refugio. "En provincias como Preah Vihear –explica- hay estaciones misioneras con pequeñas comunidades católicas con las que estamos en contacto. La gente vive en precariedad y esta guerra repentina ha trastocado su vida tranquila, causando un fuerte sufrimiento. Lo que está bien claro es una sola cosa: el pueblo camboyano ansía profundamente la paz".
Pese a la crisis, Figaredo destaca "un gran flujo de ayuda y una profunda solidaridad que devuelven una semilla de esperanza", aunque insiste en que "la violencia debe cesar por completo" y se necesita "un acuerdo de paz definitivo".
El prefecto apostólico mantiene contacto con monjes de la Universidad Budista de Battambang, con quienes ha organizado donaciones para los desplazados. «En este momento de necesidad, queremos mostrar empatía y demostrar que la solidaridad no tiene fronteras religiosas: colaboramos con los monjes budistas por el bien de la población y por el bien supremo de la paz», afirma.
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