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La tensión no ha disminuido en el país tras el golpe militar
(Vatican News).- La situación en Myanmar sigue siendo tensa. Las protestas han entrado en su segunda semana y durante la noche se registraron desórdenes tanto en Yangon como en Mandalay.
Según algunas fuentes, al menos 326 personas han sido detenidas desde el golpe militar del 1 de febrero y 303 estarían aun en custodia cautelar. En la sesión extraordinaria de ayer del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la situación del país estu en el centro del debate. Precisamente el 1 de febrero fue destituido el gobierno de la Liga Nacional para la Democracia, dirigido por la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, que fue encarcelada. A continuación, se produjeron numerosas protestas de la población, que salió a la calle en varias ciudades del país, desafiando las prohibiciones de la policía, que utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud.
La Alta Comisionada Adjunta ONU para los derechos humanos, Nada al-Nashif, y el relator especial Tom Andrews insistieron ayer en la necesidad de imponer sanciones ad hoc contra los líderes militares, recomendando que las medidas no afecten a la población vulnerable, también probada por la pandemia.
"Desde el momento de su visita apostólica en 2017, el Papa Francisco lleva a Myanmar en su corazón con gran afecto" y en estos días "la Santa Sede sigue con gran atención y profunda preocupación la evolución de la situación que se ha producido en el país". Monseñor Ivan Jurkovič, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, abrió así su intervención en la 29ª sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, dedicada a la nación asiática que vive "un momento delicado". En este contexto, la Santa Sede, reiteró el Observador Permanente, "desea asegurar una vez más su cercanía espiritual, su oración y su solidaridad al pueblo de Myanmar".
Al mismo tiempo, el prelado espresó el deseo de que "quienes tienen responsabilidades en el país se pongan a sí mismos y sus acciones, con sincera disponibilidad, al servicio del bien común, de los derechos humanos y civiles fundamentales, para promover la justicia social, la estabilidad nacional y la convivencia armónica, democrática y pacífica". Exhortando, por tanto, a las partes implicadas a "dejar de lado todo lo que se opone al indispensable proceso de diálogo y al respeto mutuo de la dignidad humana", la Santa Sede pidió "una resolución pacífica y rápida de las tensiones en curso", expresando su confianza en que "un diálogo ulterior pueda llevar a la tan deseada paz".
Las palabras de monseñor Jurkovič recuerdan las pronunciadas por el Papa Francisco en el Ángelus del 7 de febrero, al final del cual el Pontífice aseguró "cercanía espiritual, oración y solidaridad al pueblo de Myanmar", pidiendo a los dirigentes del país que se pongan "con sincera disponibilidad al servicio del bien común, promoviendo la justicia social y la estabilidad nacional para una armoniosa convivencia democrática". Además, el 8 de febrero, recibiendo en audiencia al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa deseó la "pronta liberación" de los líderes políticos encarcelados en Myanmar, como "signo de aliento al diálogo sincero por el bien del país".
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