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El misionero comboniano, de 81 años, fue evacuado tras 52 años de misión en el país africano
Pasar más de medio siglo de vida en Sudán (concretamente 52 años), pesa mucho, por eso no fue fácil arrancar de su misión en Jartum al comboniano José Javier Parladé, quien a sus 81 años fue evacuado el pasado domingo 23 de abril -junto con otro grupo de españoles a bordo de un avión fletad por el Gobierno- del país africano, sumido en un nuevo capítulo de una guerra fratricida entre el Ejército regular y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido, que se alzaron en armas hace algo más de una semana.
Se confiesa todavía "nervioso" por lo vivido en el país en los últimos días y por la accidentada salida de Sudán, tras varios días sin agua ni luz, sin alimentos y en medio de los bombardeos entre los dos contendientes, con el cuartel general de los rebeldes justo dos casas detrás de la misión en la que estaba él con otro párroco, por lo que acabó sucediendo lo que este misionero sevillano sabía que iba a pasar.
"Yo venía diciendo que la situación iba va a explotar ya mismo, porque es muy difícil que puedan convivir en un país dos fuerzas con la misma autoridad militar, donde una, la oficial, le dice a la otra que se tiene que disolver, y estalla el conflicto".
"El pueblo lo está pasando fatal, aunque también los soldados sufren, porque ellos no saben ni por qué luchan. Pero la gente ya no sabe hacia dónde escapar, con las calles llenas de muertos por el suelo, según nos contó una familia que vino en busca de ayuda a nuestra misión... No te puedes imaginar lo que la gente está sufriendo", reconoce este comboniano al que el acento sevillano no se le ha despegado prácticamente nada tras medio siglo en África.
"De pronto vimos que la gente había huido del barrio, uno de los más peligrosos de la capital. Estábamos solos, estaba completamente desierto, no se veía ni un alma por los alrededores, solo estábamos nosotros en medio de una soledad alterada por los combates y las bombas".
"Yo en mi vida me he ido de un sitio, pero a mis 81 años me llamaron de la embajada española para decirme que, dada mi situación, era mejor que me evacuaran, porque ya no podría correr llegado el caso, y aquí, quien no corre, no vive mucho. Pero me resistí, les dije que había vivido medio siglo en Sudán, siempre en guerra, y que ahora yo no iba a escapar. Me llamaron hasta tres veces más para convencerme, pero me costó muchísimo salir".
Hasta que el domingo pasado, en ese cruce de bombas que surcaban el tejado de la misión, una de ellas impactó, provocando un incendio. "Eso me acabó de decidir. Hay que irse y se acabó, me dije". Con las cañas de las mosquiteras a modo de mástil, les ataron unas sábanas blancas y salieron en tres coches rumbo al aeropuerto "con grandes dificultades". Allí se encontró con el nuncio, el español Luis Miguel Muñoz Cárdaba, que partía también en el avión italiano que evacuaba a sus nacionales, y quien le comentó que estaban también si agua, luz ni alimentos.
"Ahora necesito descansar un poco, pero cuando termine esto, porque no puede prolongarse demasiado, regresaré a Jartum", señala el comboniano, a quien se le nota la fatiga y el pesar por haber tenido que salir del país.
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