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El obispo de Amberes presidió durante 15 años la comisión episcopal para luchar contra la pederastia eclesial
“Ocupé este puesto durante 15 años y llenaba gran parte de mi tiempo de trabajo, incluidos fines de semana y tardes. Casi no me quedaba tiempo para otros temas. Entonces se volvió cada vez más difícil para mí y una carga emocional que ya no podía soportar”.
Johan Bonny es un ‘obispo quemado’. Pastor de la diócesis de Amberes, dimitió el pasado mes de julio como comisario de abusos de la Conferencia Episcopal belga por estrés emocional y problemas de salud, como confiesa en una entrevista con Katholisch, donde habla abiertamente de cómo le afectó, en todos los sentidos, hacer frente a la crisis de abusos que, según el informe encargado por el Parlamento, cifró en 1.400 las víctimas de esa lacra en la Iglesia de Flandes.
“Todo se volvió demasiado para mí. Tengo un corazón fuerte, pero noté que se vuelve más débil cuando dejo que este tema pesado y difícil venga a mí una y otra vez”, señala el obispo, quien vio que se veía obligado a desatender sus tareas como pastor de la diócesis y, aunque pidió ayuda a través de un auxiliar, no lo consiguió. “No podría haber seguido así, aunque hubiera querido. Además, mi propia espiritualidad sufrió mucho. Siempre había soñado con una visión diferente de la Iglesia”, afirma.
“Me hice sacerdote para trabajar por el Reino de Dios, para predicar el Evangelio y llevar la Buena Nueva a la gente. Cuando entré al seminario, en 1973, no tenía idea de esta avalancha de la crisis de abusos que se extendería hacia nosotros como Iglesia y hacia mí como obispo. En aquel entonces, siendo un joven sacerdote, soñaba con una Iglesia cálida y transparente. Quería trabajar para eso. Pero el abuso es diametralmente opuesto a esta idea, es un antitestimonio de eso. Son tiempos difíciles para la Iglesia debido a los abusos. Le ha robado a muchas personas de la iglesia, incluido su personal, la confianza en ella. Muchos están decepcionados con la Iglesia”, confiesa Bonny.
Una decepción que, en su caso, tiene que ver también con la labor de algunos de sus hermanos obispos. “Estoy decepcionado porque los obispos que me precedieron han hecho muy poco por las víctimas de abusos sexuales. No abordaron el problema y ahora estamos pagando el precio de lo que los obispos y los papas no lo hayan hecho bien en las últimas décadas”, declara sin tapujos.
“Esta es una carga enorme para la generación actual en la Iglesia. Y también supone una carga enorme para los sacerdotes jóvenes, porque ahora tienen que soportar y resolver ellos estos problemas. Es un legado difícil para ellos, porque actualmente sabemos que la mayoría de las personas afectadas por abusos sexuales en la Iglesia belga vivieron entre los años 1960 y 1980”.
Como obispo responsable de luchar contra los abusos, Johan Bonny tuvo que afrontar el caso del exobispo de Brujas, Roger Vangheluwe, que abusó sexualmente de su sobrino durante años. “Esta historia realmente me afectó. El abuso por parte de un obispo es particularmente horrible. Vangheluwe abusó de su sobrino durante doce años. Ha sido dimitido del clero. Alguien así no puede ser sacerdote de manera creíble. Tras su condena, permaneció mucho tiempo en una abadía en Francia. No sé dónde está ahora. El abuso puede aparecer en cualquier lugar, en nuevas formas o circunstancias. Por eso necesitamos mucha atención para garantizar que algo como esto no pueda volver a suceder”.
A finales de mes, Bonny, con el resto de obispos belgas, se reunirá con Francisco durante la visita que el Papa efectuará a Bélgica. Jorge Mario Bergoglio se encontrará también con 15 víctimas de abusos. “Es importante que puedan hablar personalmente con el Papa y que él los escuche personalmente”, reconoce.
“Es una señal importante para la Iglesia -prosigue el obispo de Amberes-. Pero también le diré al Papa la gran carga que supone para los sacerdotes y obispos de hoy lidiar con la crisis de los abusos. Porque tienen que soportar cargas que deberían haber sido asumidas hace mucho tiempo, incluso por sus predecesores. Es una etapa difícil para la Iglesia hoy”.
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