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Una vida marcada por la fe y por la confianza en el diálogo
(Vatican News).- Han pasado tres años ya desde el bárbaro asesinato del padre Jacques Hamel en Francia. La iglesia de San Esteban en Saint-Étienne-du-Rouvray, cerca de Rouen, se ha convertido en un lugar de peregrinación indisolublemente ligado a una fecha.
Era el 26 de julio de 2016. Al final de la Misa, el Padre Hamel, de 85 años, fue degollado por dos extremistas que habían jurado fidelidad al Estado islámico. Antes de ser asesinado, el sacerdote fue obligado a arrodillarse. Sus últimas palabras fueron: "¡Vete, Satanás!", "¡Aléjate de mí, Satanás!".
Las palabras pronunciadas por el Padre Hamel poco antes de morir son el último sello de una vida que terminó con el martirio. El Papa Francisco, durante la Santa Misa de sufragio, el 14 de septiembre de 2016, recordó que el sacerdote francés "dio su vida por nosotros, dio su vida para no negar a Jesús":
“ El Padre Jacques Hamel fue degollado en la Cruz, justo mientras celebraba el sacrificio de la Cruz de Cristo. Hombre bueno, amable, fraternal, que siempre intentaba hacer la paz, fue asesinado como si fuera un criminal. Este es el hilo satánico de la persecución. Pero hay una cosa, en este hombre que ha aceptado su martirio allí, con el martirio de Cristo, en el altar, hay una cosa que me hace pensar tanto: en mitad del momento difícil que vivía, en medio de esta tragedia que él veía venir, un hombre amable, un hombre bueno, un hombre fraternal, no perdió la lucidez de acusar y decir claramente el nombre del asesino, y dijo claramente: “¡Vete, Satanás!”. Dio su vida por nosotros, dio la vida por no renegar de Jesús. Dio la vida en el mismo sacrificio de Jesús en el altar y de allí ha acusado al autor de la persecución: “¡Vete, Satanás!”. ”
Para recordar el testimonio de amor del Padre Hamel, se han previsto varias iniciativas. El corazón de las celebraciones es la ciudad de Saint-Étienne-du-Rouvray. Ayer por la tarde se rezó el rosario en la iglesia donde tuvo lugar el ataque fundamentalista.
La velada estuvo marcada también por una vigilia de oración con meditación dirigida por el Padre Frederic Masset, párroco de Saint-Paul du Mesnil-Plateau de Boos, y por la memoria de Alain Quibel, testigo de lo ocurrido el 26 de julio de 2016.
La jornada de hoy comenzó con una marcha silenciosa desde el presbiterio hasta la iglesia de Saint-Etienne. El Arzobispo de Rouen, Monseñor Dominique Lebrun, presidió la Santa Misa. Frente a la estela por la paz y la fraternidad inaugurada en 2017, se celebró también una ceremonia organizada por la comunidad de Saint-Etienne-du-Rouvray. El día terminará con un momento de oración por la tarde en la tumba del sacerdote y con las vísperas en la basílica de Notre-Dame de Bonsecours.
El Papa Francisco, recordando la figura del Padre Hamel durante la Santa Misa del 14 de septiembre de 2016, declaró que el sacerdote francés "¡es un mártir!”. Y los mártires – añadió – son beatos". A aquellas palabras se añadió el visto bueno de la Congregación para las Causas de los Santos para la apertura de su causa de beatificación.
El pasado mes de marzo se cerró la investigación diocesana. Durante la cual se celebraron sesenta y seis audiencias, incluidas las de los cinco testigos del asesinato. La siguiente fase, la procesal, es conducida por el Dicasterio Vaticano competente.
El Padre Jacques Hamel – recuerda el postulador de la causa de beatificación, el Padre Paul Vigouroux – vivió su vida sacerdotal con la mayor sencillez, siempre en las periferias, tanto en las periferias de la aglomeración urbana de Rouen como en las periferias existenciales de muchos de nuestros contemporáneos. En un municipio caracterizado por una fuerte presencia de población de origen extranjero, ha mantenido buenas relaciones con la comunidad musulmana.
La vida del Padre Hamel estuvo marcada por la fe, por la confianza en el diálogo. Su último mensaje, del 6 de junio de 2016, se convirtió en su testamento espiritual. Es una exhortación a hacer que las vacaciones sean rentables:
“ El deseo es que podamos escuchar la invitación de Dios a cuidar de este mundo, a hacer de él, donde vivimos, un mundo más cálido, más humano, más fraterno. Un tiempo de encuentro, con la familia y los amigos. Un momento para tomarnos el tiempo de vivir algo juntos. Un momento para estar atentos a los demás, independientemente de quienes sean. Un tiempo para compartir. Compartiendo nuestra amistad, nuestra alegría. Compartir nuestra ayuda con los niños, mostrando que ellos son importantes para nosotros. También un tiempo de oración. Atentos a lo que sucederá en nuestro mundo en ese momento. Oremos por los que más lo necesitan, por la paz, por una vida mejor juntos. Tratemos de tener un corazón atento a las cosas bellas, a cada uno y a todos aquellos que corren el riesgo de sentirse un poco más solos. Que las vacaciones nos permitan llenarnos de alegría, de amistad y de regeneración. Entonces podremos, mejor equipados, retomar juntos el camino. ¡Felices vacaciones a todos! ”
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