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Desgarradores testimonios de las víctimas del ex cura depredador de Lyon
“Cuando abusaba de nosotros, éramos como un pelele en un cuerpo que ya no nos pertenece". Stéphane Sylvestre fue una de las víctimas que ayer puso voz a las atrocidades del ex cura Bernat Preynat, juzgado esta semana en Francia por violaciones y tocamientos a varios menores. Cuatro o cinco cada semana, durante veinte años, según su propio relato, aunque la realidad es que casi todos los casos han prescrito, y apenas una decena de ellos son los que han llegado al tribunal.
Sylvestre afirmó en su declaración tener miedo, incluso, de cambiar los pañales de sus dos gemelos de un año. “Tengo miedo de convertirme yo mismo en un agresor”, confesó, con la voz entrecortada. Al estar con sus hijos, “me vuelven esas visiones, los miedos regresan”. El miedo, situado en el primer piso de la iglesia de Saint Luc, donde los pequeños scouts sufrían los abusos de Preynat.
Esta víctima logró salir de su infierno, contárselo a sus padres y continuar con su vida. No todos lo lograron. Algunos, jamás contarán los abusos. Otros, acabaron en una espiral de miedo, alcohol y vida oscura.
"Habla de caricias. Mi mujer me acaricia. Lo suyo era masturbación; me tocaba como un salvaje", apuntó, indignado, otra víctima de Preynat, Stéphane Hoarau, quien sufrió los abusos cuando apenas tenía ocho años. “Me daba la vuelta para frotarse contra mí".
No era el único. En ocasiones, las víctimas entraban y salían de la habitación en la misma noche. Hoarau recuerda haberse cruzado a su llegada con un niño pequeño, que huía de la habitación donde se encontraba Preynat. "Realmente tuve la impresión que lo había sometido a lo mismo (que a mí)", señaló.
"No nací con una estrella de la suerte", siguió su relato la víctima, quien fue entregado a una familia de acogida cuando tenía 4 años tras haber sido víctima de otro depredador sexual en su entorno familiar. Su familia de adopción lo apuntó a los scouts para “reorientarlo”. Pero sólo recibió nuevos abusos, que le marcaron de por vida. Sólo en 2016 logró romper el muro de silencio. Aun así, nada es igual. “Me casé. Tengo hijos, pero me cuesta tocarlos”.
Todo, bajo el silencio de la Iglesia católica francesa. El cardenal de Lyon, Philippe Barbarin, condenado a seis meses de prisión en suspenso por no haber hecho lo necesario para impedir que se protegiera al abusador, entre ellos. Su causa se revisa el 30 de enero.
En su declaración, el depredador Preynat, que reconoce parte de los hechos y ha pedido “disculpas” a las víctimas, también señaló la responsabilidad de la Iglesia. "Deberían haberme ayudado (...) Me dejaron convertirme en sacerdote", explica, al recordar una terapia a la que se sometió en un hospital psiquiátrico entre 1967 y 1968, dos años antes de comenzar los primeros abusos conocidos en la Iglesia.
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