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La pobreza y el hambre forman parte de las vidas de la gente en un país destruido por la guerra
Manos Unidas - En una de sus últimas misivas, Nabir Antaki, médico sirio-canadiense miembro de los Maristas Azules, la ONG que lleva acompañando a la población más vulnerable de Alepo durante los 10 años de guerra y con la que colabora Manos Unidas, explica que, aunque los alepinos nunca olvidarán los años en que la guerra hacía estragos en Alepo, las explosiones, la ansiedad, el miedo, el frio y la escasez, ahora, cuando los combates parecen haber terminado, no cesan de repetirse que, a pesar de todo el sufrimiento, en la época de guerra vivían mejor y que “echan de menos la época de las bombas, que era más soportable que la pobreza que se sufre ahora…".
Los precios de los productos de primera necesidad han subido drásticamente y los salarios no se han ajustado proporcionalmente, lo que ha provocado un aumento de la pobreza.
En opinión del directivo de los Maristas Azules la destrucción de las infraestructuras del país y los estragos de la guerra, la crisis financiera del Líbano y las sanciones impuestas por los países europeos y Estados Unidos, que bloquean las transacciones financieras, impiden las importaciones y prohíben las inversiones en Siria, son algunas de las causas de este aumento de la pobreza.
Las circunstancias han empujado a muchos sirios a plantearse la idea de la migración. “Muchos de nuestros compatriotas nos dicen que se arrepienten de su decisión de quedarse en el país cuando la emigración era fácil y muchos sueñan con establecerse en otro lugar. Sólo en agosto de este año, diecisiete mil jóvenes alepinos abandonaron el país para instalarse y trabajar en otros lugares, especialmente en Egipto”. Y esta migración está dejando al país sin mano de obra cualificada ni artesanos. Las pequeñas empresas que se arriesgan a abrir no encuentran trabajadores cualificados para hacer funcionar sus máquinas y son otros países los que se aprovechan de nuestros médicos, ingenieros, artesanos, obreros y otros profesionales que se han formado aquí en Siria y que contribuyen al crecimiento económico o llenan el vacío de ciertas profesiones en otros países.
Es en este contexto en el que continúan trabajando los Maristas Azules. Y lo hacen con apoyo de organizaciones como Manos Unidas “para sembrar un poco de alegría en los corazones de los niños y un poco de esperanza en las mentes de los adultos, para ayudar a la gente a tener un trabajo y a las familias a llegar a fin de mes, para educar a los niños y también a los adultos”, explica Antaki en su misiva.
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