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"No podemos prometerles el cielo, pero tampoco podemos amenazarles con el infierno"
Son los ateos, agnósticos y quienes no creen en ninguna religión en particular y se están convirtiendo en un grupo de presión a tener en cuenta en los Estados Unidos, donde han registrado un destacable incremento en los últimos cincuenta años. Son los denominados ‘nones’ (ningunos), porque aseguran no creer en ‘ninguna’ religión y, según un reciente informe del prestigioso Pew Research Center, han pasado de ser el 5% de la población hace 50 años, al 28% en la actualidad, un cuarto de la sociedad estadounidense.
Pero, a pesar del hecho de no creer en nada, una parte de ellos sigue buscando algo, aunque sea el encontrase entre ellos, por lo que si mientras en las iglesias evangélicas (en auge en muchos países de América) los nuevos fieles dan testimonio ante la asamblea de cómo encontraron a Dios, los ‘ningunos’ han puesto en marcha sus propios servicios ‘para incrédulos’, las llamadas ‘asambleas dominicales’ donde no se habla de Dios, no se reza ni se escucha un sermón.
Todo comenzó como una broma de un par de humoristas británicos que en 2013 crearon la primera ‘iglesia para ateos’ al norte de Londres. Una década después, se reúnen ya cada segundo domingo de mes en 48 ciudades de habla inglesa de todo el mundo bajo el lema "Vive mejor, ayuda a menudo y pregúntate más".
En los Estados Unidos las ‘asambleas dominicales’ se celebran en 13 ciudades, congregados al ritmo de la mítica canción "Highway to Hell” del grupo AC/DC y con la máxima de que "no podemos prometerles el cielo, pero tampoco podemos amenazarles con el infierno", según informa Katholisch.
Pero junto a estas ‘asambleas dominicales’, por el país norteamericano han proliferado otras ‘denominaciones’ para ‘ningunos’, que, al igual que si de otra confesión religiosa más se tratara, ofrecen también sus servicios a los incrédulos, entre ellas, la “Red Oasis”, las “Comunidades Éticas”, la “Asociación Humanista Estadounidense” o grupos locales como la “Iglesia Atea de Seattle” o la “Iglesia del Libre Pensamiento del Norte de Texas”, según la misma fuente.
En el fondo -añade citando al sociólogo de la religión Jacqui Frost, de la Universidad Purdue- se trata de una “sacralización de lo secular” o de una “espiritualidad secular”. O lo que otros interpretan como los signos de los tiempos de la increencia.
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