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El prefecto del Dicasterio para la Caridad ha viajado cinco veces al país con ayuda humanitaria
Es la cara, los ojos y las manos del Francisco en Ucrania desde la invasión rusa hace ahora un año. Hasta aquellas tierras viajó hasta en cinco ocasiones, siempre conmovido por lo que veía, ayudando personalmente en el transporte de ayuda material de todo tipo, y portando siempre la cercanía espiritual del Papa, que no ha dejado de rezar, ocuparse y preocuparse por la que llama “martirizada Ucrania”. Es el cardenal Konrad Krajewski, prefecto del nuevo dicasterio para el Servicio de la Caridad y, como lo denomina en la entrevista que le ha realizado Cath.ch, “el brazo caritativo del Papa”.
“El Santo Padre sufre mucho por esta guerra. Cuando estuve en Ucrania, me llamó varias veces para conocer realmente la situación sobre el terreno. Le hablé de las fosas comunes, con tanta gente enterrada unos días antes. Y pude decirle lo unidos que estaban los ucranianos, con la voluntad de ganar”, señala el también conocido como “limosnero” pontificio.
Medicinas, ambulancias, ropa de abrigo, generadores eléctricos, comida… Con todo eso viajó Krajewski para llevarlo hasta distintos puntos de Ucrania, incluso hasta la misma línea de frente. De hecho, sufrió incluso un ataque ruso. Era septiembre de 2022, en la región de Izioum.
“Estuve con un obispo protestante y un obispo latino. Fuimos a un área donde la gente se quedaba y no quería irse. Queríamos llevarles comida, porque estas personas viven solo gracias a esta ayuda. Fuimos a tres o cuatro lugares. En un momento, nos dispararon porque alguien nos traicionó al darnos los contactos de nuestro teléfono móvil. Afortunadamente, logramos huir cuando comenzó el tiroteo. Fue difícil, porque no sabíamos por dónde huir. Por suerte, un soldado nos guió un poco. De hecho, fue una experiencia característica de la guerra: quien va allí, debe darse cuenta de que puede suceder de esa manera. Una semana antes, mataron a los que iban a repartir comida”.
También muy duro para él fue el momento en que asistió a la apertura de fosas comunes. “La primera vez fui a las tumbas en pueblos como Boutcha y otros que estaban totalmente destruidos. Allí esperé con el nuncio cuando sacaron los cuerpos de entre los escombros y rezamos. No es fácil, pero así estuvimos con el pueblo y pudimos unirnos a su dolor. Y hacer nuestra parte como creyentes. ¿Qué habría hecho Jesús en nuestro lugar? Siempre compartió el dolor de sus vecinos. Queríamos ser como él en esta tierra de conflicto, donde la gente sufre, y como creyentes rezamos por los muertos y por los que han tenido que soportar todo este sufrimiento”.
Sobre las relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa rusa, reconoce las dificultades. “El Evangelio dice que cuando la casa se divide, se destruye fácilmente. Y lamentablemente la Iglesia está muy dividida allí. Hay quienes dependen de Rusia, otros de Kyiv, hay greco-católicos, latinos, todo depende de la región de Ucrania donde te encuentres”.
En cuanto al deseado viaje del Papa a Rusia y a Ucrania, “no solo a un país”, asegura que “el Santo Padre también quiere detener esta guerra” y que “muchos líderes fueron a Kyiv, tomaron fotografías y nada cambió. Nadie hablaba de paz. Solo fueron a Kyiv para saludar al presidente Zelinsky”.
Y recuerda el cardenal prefecto que durante su reciente viaje al Congo y a Sudán del Sur, Francisco “reiteró que estaba dispuesto a reunirse con Vladimir Putin y el presidente ucraniano en cualquier parte del mundo para conversar, porque sin diálogo nunca hay paz”.
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