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El arzobispo emérito de Praga, en contra de “democratizar la Iglesia”
Sin atisbo alguno de duda sobre donde están hoy los problemas de la Iglesia, y sin duda alguna tampoco sobre donde, al parecer, se encuentra la solución a ellos, el arzobispo emérito de Praga, el cardenal Dominik Duka, ha afirmado que "no hay religión sin celibato", y confesó lo que una vez le escucho a un obispo greco-católico: “'Hay problemas con el celibato, pero otros tienen otros problemas sin el celibato'".
El purpurado, de 79 años de edad, en una entrevista con Die Tagespost recogida por agencias católicas alemanas, tampoco cree que la admisión de mujeres al ministerio ordenado sea otra forma de resolver el problema de la falta de vocaciones.
"Necesitamos una teología científica, no sólo una teología narrativa. Y la identidad, así como la voluntad de servicio". Además, dijo, se necesitan cristianos "vivos", y calificó a los teólogos de "temerosos", por ejemplo, en el debate sobre el "matrimonio para todos" en la República Checa, donde mientras los médicos, abogados y psicólogos se habían pronunciado en contra, "los teólogos no".
Duka también se mostró escéptico ante las exigencias de democratizar la Iglesia. En su opinión, la comprensión de la democracia siempre ha sido diferente: el concepto clásico de democracia en la antigua Grecia es fundamentalmente diferente del concepto de democracia actual.
En este sentido, para Duka los católicos deben "observar y sopesar seriamente" dónde son necesarios los procesos democráticos, subrayando que la Iglesia no cambia tanto a través de los papeles: "Fueron los hombres y mujeres de la época quienes renovaron la Iglesia. Hoy también necesitamos hombres y mujeres así".
El cardenal sostiene firmemente que la ‘ideología de género’ es un gran peligro para la sociedad. Se trataría de una inminente "revolución cultural" consistente en "la destrucción total de nuestra identidad humana desde el principio".
"Si las personas no se diferencian en hombres y mujeres, entonces, ¿en qué se diferencian?", se preguntó el cardenal, que mostró también su preocupación por el hecho de que era problemático que la mayoría de los católicos vieran esta evolución como un cambio positivo.
"Debemos volver a luchar por nuestra civilización cristiana como lo hicimos en el siglo XVI en la época del Concilio de Trento", afirmó Duda, quien criticó también el papel de Roma en esta confrontación cultural. Allí, dijo, la Iglesia está "más preocupada que nunca por los problemas técnicos y ecológicos", para los que, sin embargo, no tiene competencia. "Sólo podemos juzgar las cuestiones teológicas y éticas".
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