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El purpurado ve en el 'motu proprio' una forma de ayudar a los fieles a entender "el gran regalo del Concilio"
“'Traditiones custodes' es una contribución a la unidad de la Iglesia”. Así lo cree el cardenal y arzobispo de Chicago, Blase Cupich, que celebra el ‘motu proprio’ publicado el pasado 16 de julio, con el que el pontífice limitaba en las misas el uso del rito anterior al Concilio Vaticano II (1962-65).
En una publicación en el blog de liturgia “Pray Tell” el pasado lunes 1 de noviembre, el purpurado norteamericano calificaba como “regalo” el 'Traditionis custodes', documento que, según él, subraya “el deseo del papa de llevar a los fieles a celebrar sólo la liturgia en su forma actual”. Y es que, según Cupich, tras la reforma litúrgica, no habría dos formas del Rito Romano. “La palabra 'reforma' significa que dejamos atrás una forma más antigua de celebrar los sacramentos y adoptamos una forma nueva”, asegura el arzobispo de Chicago.
Remarcando que ha habido en la Iglesia católica otras reformas posteriores al Vaticano II hubo (la promulgación de un nuevo Código de la Iglesia en 1983 y la publicación de un nuevo Catecismo en 1992), Cupich asegura que las reformas se llevan a cabo “para aplicar las enseñanzas del Consejo”, de modo que “a nadie se le ocurriría decir que las formas anteriores del Código o del Catecismo pueden seguir siendo utilizadas. La palabra reforma significa algo, por tanto, también debe significar algo con respecto a la reforma litúrgica", sentencia el cardenal.
Tres son los principios rectores que identifica Cupich en “Traditionis custodes”: promover la unidad de la Iglesia, hacer patentes las reformas del Concilio Vaticano II como acción del Espíritu Santo en la continuidad de la tradición de la Iglesia, y reforzar el papel del obispo diocesano como supremo liturgista en su diócesis.
Una carta apostólica que dificulta la celebración de la "Misa antigua" y abre nuevas posibilidades de decisión a los obispos para regular la celebración en la forma antigua en sus diócesis significa, para Cupich, una “oportunidad para ayudar a todos los fieles a comprender mejor el gran regalo del Concilio, que es la reforma de nuestro culto".
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