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"La estupidez de los hombres transformó una tierra dorada en una pesadilla", denuncia
Para que Myanmar vuelva a ser Suvarnabhumi – la “tierra dorada” que era en el pasado-, es necesario poner fin a todos los conflictos armados que afligen al país: lo afirma el Card. Charles Maung Bo, arzobispo de Rangún y presidente de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC), en su último llamado para relanzar el proceso de reconciliación nacional.
El cardenal inicia la carta, que tiene por título: “Retorna a la Tierra Dorada - recoge los dividendos para la paz”, haciendo el elenco de todas las riquezas que abundan arriba y bajo el suelo de Myanmar: maderas, petróleo, gas, piedras y minerales preciosos. A éstos se agregan los imponentes ríos, bosques exuberantes y vastos campos de arroz. “Myanmar- afirma el arzobispo de Rangún- parecía ser el don de un Dios indulgente, que amaba al pueblo birmano con favoritismo. Pero no obstante todos los grandes tesoros, hoy es uno de los países más pobres del Sudeste asiático”.
Aquello que era un “paraíso terrestre” fue sin embargo “mutilado” por 60 años de dictadura y conflictos armados.
El cardenal afirma que “la lista del odio recíproco e injusticia es nauseante”: más de 1 millón de refugiados; más de 2 millón de evacuados internos (IDPS); además de 4 millones de jóvenes están obligados a transferirse forzadamente y la esclavitud; más de 10 millones (cerca del 20% de la población) de migrantes económicos; una tasa de pobreza que está alrededor del 40%.
“La estupidez de los hombres transformó una tierra dorada en una pesadilla -declara el card. Bo-. ya que, creado por el hombre, este desastre puede ser detenido una vez por todas por la buena voluntad de los hombres- y de las mujeres. No es tarde. Una vez empleados en la esperanza y en la paz, podemos volver a la tierra dorada de un tiempo”.
Al final el cardenal se dirige “a todos aquellos que creen sólo en el poder de las armas”.
“Sesenta años de guerra no han traído ninguna respuesta, sólo muerte y lágrimas. La paz es posible, es el único camino”.
“Las armas se revelaron incapaces de cualquier solución. El camino de la Conferencia de paz de Panglong no es perfecta pero es un punto de partida. Que cesen el ruido de las armas, den una posibilidad a la paz. Nuestros conflictos son entre hermanos. Myanmar es nuestra familia. La paz es el don que podemos darnos el uno al otro, para hacerla una familia bendita. La paz y la prosperidad esperan a esta nación, Basta de días de odio y de guerra”.
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