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"El coronavirus es un cuerpo extraño que se adueña de tu persona y te vacía desde dentro. Es terrible: no solo te quita las energías físicas sino también las psicológicas y yo diría espirituales. De repente te reduce a una larva". El presidente del episcopado italiano, Gualtiero Bassetti, concede a Avvenire su primera entrevista después de haber superado la pandemia.
"Doy gracias al buen Dios por permitirme afrontar esta prueba extraordinaria y, al mismo tiempo, atroz; pero también de haberme hecho superarlo" recalca el cardenal de Peruggia, poco antes de celebrar la Navidad, en lo que supondrá su primera aparición pública.
"Mientras hacía un examen de conciencia imaginé el final de mi vida", confiesa el purpurado, quien tuvo a Foscolo y a San Juan de la Cruz como "bases culturales y espirituales" durante sus momentos más oscuros. Al comenzar a recuperarse, "sentí el deseo de gastarme aún más por cada uno de mis vecinos, empezando por los pobres, frágiles, débiles, marginados, olvidados".
"De hecho, la pandemia nos enseña que hay que afrontarla con solidaridad, con altruismo desinteresado, con atención a los más pobres. Y con una acción política en la que todos contribuyan al bien de Italia, prohibiendo los conflictos, las conquistas electorales, los intereses partidistas. Es hora de la unidad, no de divisiones estériles o espurias", añadió.
Durante todo ese tiempo, Bassetti sintió la cercanía de Francisco. "Escuché que llamaba y siempre decía que estaba rezando. Le sentí como un padre y un amigo. Sobre todo, percibí la oración intercesora de Pedro, que invoca a Dios por un pobre sucesor de los apóstoles en dificultad".
Respecto al futuro, Bassetti apuntó que "la crisis social que abre la pandemia es una herida grave para nuestra sociedad que afecta a todos: incluso a quienes no tienen problemas laborales. El trabajo es sagrado, no debemos olvidarlo". La crisis "agrava un tejido social del mundo contemporáneo que ya lleva tiempo desgarrado y deshilachado". Por eso, Fratelli Tutti "tiene un valor profético. Nunca podremos salir de esta doble crisis, económica y de salud, con mentalidad individualista o buscando nuevos esparcidores en los presuntos responsables de la crisis. La pandemia es una gran prueba para todos nosotros. Una prueba en la que cada uno de nosotros está llamado a dar testimonio de su fe y amor mutuo".
"He experimentado cómo abunda el amor en el hospital. He conocido a médicos jubilados que han regresado a la sala por esta crisis de salud; médicos que no conocen los horarios cuando hay una emergencia; gente muy joven que se está especializando y que muestra su pasión por la entrega; enfermeros y enfermeras de quienes dependes en todos los aspectos y que hacen todo lo posible por ti. Durante los turnos de noche también los vi rezar. Aquí está el noble rostro de la juventud. Probé la bondad que Dios ha inscrito en el corazón del hombre. Una bondad que sorprende", concluye el purpurado.
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