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Corrado Lorefice reclama que se abran corredores humanitarios
“Lo que pasó en Cutro no fue un accidente, sino la consecuencia natural de las políticas italianas y europeas de los últimos años. La responsabilidad de quien no rescata a los náufragos dejándolos morir en el mar es muy grave”.
Para Corrado Lorefice, arzobispo de Palermo, las causas que han ocasionado la tragedia de Cutro, en Calabria, donde el naufragio de una embarcación repleta de inmigrantes ha costado la vida a 63 personas, entre ellos numerosos niños, tienen unos claros responsables: la falta de actitud de las autoridades europeas ante el drama de la inmigración ilegal que está convirtiendo el Mediterráneo en un cementerio, como ha denunciado en numerosas ocasiones el papa Francisco.
"Los 63 muertos de Cutro, hermanos y hermanas agotados por el sufrimiento de huir de una patria atormentada y tragados por las olas de nuestro mar en una última y desesperada lucha, intentaron hasta el último golpe, hasta el último suspiro tocar con sus dedos el esperanza que hasta ahora habían perseguido: tocar tierra en un lugar capaz de salvarlos y acogerlos", señala el arzobispo en un dura y emotiva nota.
"Nos habrían preguntado, si hubieran logrado desembarcar –nos preguntan los ojos consternados, aterrorizados de los sobrevivientes– en qué nos basamos hoy los europeos, nosotros, los occidentales, en la promesa que hicimos cuando escribimos la Declaración Universal de los Derechos Humanos".
"Nos habrían pedido -y ahora nos toca a nosotros, como ciudadanos, como cristianos, preguntarnos y pedir a los gobiernos italiano y europeo en nombre de cada uno de ellos- si comprendimos el significado de esa promesa (...), y si nos hemos dado cuenta que, al dejarlos morir, hemos vulnerado nosotros mismos, primero" aquellos derechos.
"No es sólo ante lo sucedido en Calabria por lo que nos sentimos obligados a hacer esta afirmación, sino también y sobre todo, ante la negación de responsabilidades, la gravedad de su elusión, la falta de conciencia política y humana de instituciones nacionales e internacionales comprometidas únicamente con hacer acuerdos con países como Libia para detener y empujar a los migrantes a verdaderos campos de concentración".
"Hoy no hay lugar para la indiferencia: es hora de que todos nos alejemos claramente de cualquier narrativa destinada a culpabilizar al eslabón más débil de la sociedad. La responsabilidad es nuestra: lo que pasó en Cutro no fue un accidente, sino la consecuencia natural de las políticas italianas y europeas de los últimos años, la consecuencia natural de la forma en que los ciudadanos, los cristianos, a pesar del llamado continuo del Papa Francisco, no hemos alzado la voz, no hemos hecho lo necesario apartándonos o permaneciendo tibios y temerosos".
Para el arzobispo, "la culminación simbólica de todo esto fue la declaración del Ministro Piantedosi, un hombre de las instituciones que prestó juramento sobre la Constitución italiana -la misma Constitución que ante todo reconoce y garantiza esos derechos humanos inviolables-, que echaba la culpa a las víctimas", por lo que reclama "responder a los muchos interrogantes aún abiertos sobre el naufragio de Cutro y que se disipe cualquier malentendido sobre la gravísima responsabilidad de quien no rescata a los náufragos dejándolos morir en el mar".
Finalmente, monseñor Lorefice concluye pidiendo "que se abran de una vez por todas los ansiados corredores humanitarios, actuar sobre el derecho de asilo, trabajar sobre la integración. Hagamos juntos de esta tierra nuestra un jardín lleno de vida, en el que celebrar y experimentar la convivencia de las diferencias.
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