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Esta celebración ha sido más discreta que el aniversario de las 95 tesis
(EFE).- Alemania conmemora los 500 años del edicto de Worms, con el que el emperador Carlos V condenó al reformador Martín Lutero, aunque sin el bombo y platillo que otras fechas significativas de la historia de la Reforma protestante.
La promulgación del edicto constituye, sin embargo, un hito esencial para la difusión de las ideas de Lutero: "Sin el Reichtag de 1521 en el que se condenaron sus tesis la reforma no hubiera seguido adelante", sostiene el teólogo Ulrich Oelschläger en declaraciones a medios alemanes.
Oelschläger es autor de un libro titulado "Lutero en Worms" en el que precisamente indaga sobre lo ocurrido en esa ciudad renana adonde el reformador fue citado por Carlos V para exigirle que se retractase de sus tesis.
El libro de Oelschläger ha sido publicado precisamente para conmemorar el Reichtag de Worms, motivo por el que también se han organizado productos multimedia que se difunden por diversas emisoras y través de la iglesia evangélica.
Sin embargo, el aniversario de este año no ha sido celebrado con el mismo bombo y platillo que el de las 95 tesis que, según la tradición, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517 para rechazar la venta de indulgencias por parte de la iglesia católica y cuestionar la autoridad papal.
Lutero, ante Carlos V y los príncipes reunidos en Worms, se negó a retractarse. Sus tesis ya habían sido condenadas antes por el papado, pero entre los príncipes alemanes había un grupo, encabezado por Federico de Sajonia, que no quería que el reformador fuese condenado por el emperador sin haber sido oído primero.
Los enemigos de Lutero esperaban que el viaje a Worms se convirtiera en una especie de penitencia en la que Lutero terminara retractándose de sus tesis.
Lo que ocurrió fue todo lo contrario. En el camino de Wittenberg a Worms Lutero predicó en varias ciudades como Erfurth, Gotha y Eisenach y en todas ellas fue recibido triunfalmente.
También en Worms, adonde llegó el 16 de abril, fue bien recibido por el pueblo y, en su confrontación con el emperador, se negó a retractarse.
Lutero respondió que mientras no se le convenciera, con citas de la biblia o argumentaciones racionales, no iba a retractarse porque no aceptaba como argumento ni la autoridad del papa ni la de los concilios porque era claro que se habían equivocado muchas veces.
"Por eso no quiero retractarme pues hacer algo en contra de la propia conciencia no es algo seguro ni encomiable. Dios me ayude", dijo el reformador.
La tradición ha agregado las palabras "aquí estoy, no puedo hacer otra cosa" que se han hecho famosas pero que muchos teólogos aseguran que no son originales de Lutero.
Según la historiadora Irene Dingel, esa frase fue acuñada por Philipp Melanchton, uno de los colaboradores más cercanos de Lutero, ya después de la muerte del reformador.
"La frase se convirtió en un símbolo de valor civil, en la declaración de alguien que está dispuesto a mantenerse fiel a sus convicciones en medio de los enemigos y en medio del peligro", expresó Dingel en declaraciones a la radio SWR en un programa emitido con motivo de los 500 años del edicto.
El 25 de abril Lutero -cuyo salvoconducto tenía una vigencia de 21 días- emprendió el regreso. En el camino de vuelta Federico de Sajonia mandó secuestrar a Lutero, para protegerlo, y lo alojó en Wartburg, un castillo cerca de Erfurt que se ha convertido en uno de los lugares emblemáticos de la reforma. Allí Lutero, de incógnito, se dedicó a traducir el nuevo testamento del griego al alemán.
Fedérico de Sajonia sabía que sobre Lutero caería la condena imperial lo que finalmente ocurrió el 26 de mayo, con la publicación del llamado Edicto de Worms.
El edicto "atendiendo el juicio papal y con la potestad del emperador" declaraba al reformador hereje, ordenaba su captura, prohibía que se le diera apoyo y condenaba la lectura de sus escritos en todo el imperio.
Sin embargo, pese a la condena papal y al decreto imperial, las ideas de la reforma empezaron a imponerse en parte de Alemania y de Europa.
Muchos de los príncipes del imperio no aceptaron nunca el edicto y tres años después, en el Reichtag de Speyer, protestaron contra su ratificación, encabezados por Federico de Sajonia y el conde de Hesse.
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