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Concluye el seminario consultivo de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso
(AICA).- Los obispos de África y Madagascar "promoverán una cultura que respete los derechos humanos y la dignidad y rechace la violencia. Las religiones pueden desempeñar un papel importante en la construcción de una cultura de paz, reconciliación y hermandad". Esto es lo que se lee en la declaración final del seminario consultivo de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso en África y Madagascar.
Los valores sociales y culturales africanos -destacan los prelados- "subrayan las relaciones, la hospitalidad, la solidaridad, la convivencia: esta disposición religiosa innata del pueblo africano puede servir de terreno común para construir una cultura de paz con todos los hombres y mujeres".
La declaración estigmatiza "la intolerancia y la falta de rechazo de las culturas populares indígenas", definidas como "una forma de violencia", y expresa preocupación "por la creciente polarización, las tensiones, los conflictos y la radicalización religiosa en algunos países africanos, atribuibles a diversos factores, incluidos los socioeconómicos y políticos".
"Estas situaciones empeoran cuando algunos individuos y grupos explotan la religión", advierte el documento, que insta a la Iglesia y a otras comunidades religiosas africanas a "promover un diálogo interreligioso constructivo".
"La Iglesia considera con gran respeto los valores morales y religiosos de África", concluye el documento, que reitera que "el diálogo religioso es un medio eficaz para contrarrestar la ignorancia sobre otras tradiciones religiosas, promover el respeto mutuo y preservar los valores que promuevan la diversidad religiosa y cultural, además de la dignidad de todo ser humano”.
Y añade el texto: “El continente africano sólo puede lograr un desarrollo integral y sostenible si promueve una cultura de paz y hermandad, basada en los principios de libertad, justicia, democracia, respeto y solidaridad. Una cultura que, a través del diálogo, la diplomacia y la negociación, respete los derechos humanos y la dignidad, y rechace la violencia”.
En ese sentido, concluyen, “los líderes religiosos tienen la gran responsabilidad de promover la armonía y educar a sus respectivos seguidores para vivir como hermanos y hermanas".
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