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Las encuestas lo certifican: los nietos recuerdan que fueron ellas quienes les acercaron a la iglesia
La fe en la militantemente atea Unión Soviética resistió hibernada bajo una implacable persecución durante décadas gracias a la perseverancia de las abuelas, que mantuvieron apenas prendida la llamita de la trascendencia en sus nietos. Desaparecida la antigua URSS, el deshielo trajo un reverdecer de las creencias en las exrepúblicas del otro lado del Telón de Acero.
Mientras, a este lado de aquel muro de la infamia, la fe, sin cortapisa alguna, fue sin embargo decayendo ahogada por el peso de la secularización y la llamada modernidad. Pero allí seguían también las abuelas, cuando los sociólogos daban por finiquitada la era de las religiones.
Ahora en la laica y descreída Francia, los analistas asisten atónitos al peso de unos datos que les han pillado por sorpresa. La pasada noche de Pascua se bautizaron en las diócesis francesas 7.135 adultos, de los cuales el 36% tenían entre 18 y 25 años, y 5.000 jóvenes de entre 11 y 18 años. Más de 12.000 en total. Todos ellos entre la adolescencia y la juventud. Un 31% más que el año pasado y un 120% más que hace diez años.
Proceden de la periferia de las ciudades, pero también del campo y de todos los estratos sociales. Es algo transversal, y algo a lo que hay que acompañar de otro dato igual de destacable: en el país galo (como en buena parte de Europa), el número de bautismos infantiles ha descendido de manera drástica en el último medio siglo.
¿Qué es lo que está pasando entonces? Las abuelas. Y, un poco también, algunos abuelos. Que aprovechan el mayor contacto con sus nietos en las vacaciones de verano o en otros períodos de descanso en donde pueden convivir con ellos, para acercarlos a la iglesia, para que los acompañen a ellos a misa, donde, como las abuelas de la época soviética, irán susurrando y desentrañando los misterios de la fe a la luz de las velas, las imágenes y la arquitectura de los templos.
Una catequesis en toda regla, en pequeñas dosis y sin coacciones. Más adelante, esos jóvenes recordarán entre los buenos momentos pasados con sus abuelos aquellos en los que iban de la mano a la iglesia. Y allí estará la brasa.
Lo apuntó ya hace unos años el papa Francisco: "En las sociedades secularizadas, la mayoría de las generaciones actuales de padres no tienen la formación cristiana y la fe viva que los abuelos pueden transmitir a sus nietos".
Ahora, según recoge el diario La Croix, “una de las razones que más se aducen en las encuestas de jóvenes adultos conversos es que sus abuelas y abuelos les llevaron a la iglesia cuando eran niños. Los recuerdos de esos momentos fuertes pasados junto a sus abuelos, y los testimonios que recibieron, fueron importantes en su camino de fe. Sus padres, en cambio, prefirieron no bautizarles, con el pretexto de que ‘ya elegirían más tarde’”.
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