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"Se marchó triste porque era muy rico" (Mc 10,22)
Carta de González Faus al ministro de Interior italiano
Distinguido señor Salvini:
Deseo dale las gracias por la lección que está dando a todo el mundo negándose a dejar desembarcar a esos moribundos del Open Arms, con el argumento de que no quiere colaborar de ningún modo con las mafias que trafican con seres humanos. Nuestro presidente Rajoy ya había insinuado algo de eso. Pero Rajoy es un hombre que siempre se guarda una baza en el bolsillo, mientras que Usted parece ser una persona, como decimos en castellano, “toda de una pieza”.
Es conmovedor su interés por que no se explote a seres humanos y no dudo de que lo tendrá Usted también ante todos los italianos pobres y maltratados. Lástima que su argumento resulte tan peligroso: porque eso quiere decir que Usted no ayudará nunca a rehabilitarse a un drogadicto o a una prostituta, para no colaborar con los narcotraficantes ni con solo proxenetas. Y en definitiva: nunca ayudará a los explotados porque eso sería colaborar con los explotadores. Sin pensar que la verdadera manera de acabar con los explotadores es atacarles directamente a ellos, en lugar de desentenderse fríamente de sus víctimas.
Visto así, su argumento resulta muy poco inteligente. Y como yo no dudo en absoluto de que Usted es persona inteligente, creo que de ahí brota la gran lección que (queriendo o sin querer) está dando Usted a todo el mundo: cuán infinita es nuestra capacidad de autoengaño, y qué poco vale nuestra capacidad de pensar cuando la ponemos al servicio de nuestros intereses y no al servicio del bien; cuando usamos nuestra razón y nuestra inteligencia no para buscar lo que tenemos que hacer, sino para justificar lo que queremos hacer.
Dije otra vez, corrigiendo a Aristóteles, que el hombre no es un animal racional, sino un animal que racionaliza sus pulsiones y sus deseos. Eso es lo que Usted acaba de poner de relieve. Y es muy de agradecer que eso se nos recuerde con frecuencia. Porque si no, tenemos una tendencia irresistible a adulterar nuestra razón poniéndola al servicio del ego y no al servicio de la realidad.
Ustedes los italianos usan bastante la exclamación “¡porca miseria!”. Usted nos está enseñando a decir también “¡porca ragione!”. Gracias pues, señor Salvini. Y ojalá que logremos aprender esa dura lección.
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