Adviento...
Levantemos la cabeza
Vida cotidiana...
En nuestra vida cotidiana encontramos muchas veces situaciones que nos hablan de Dios, y es esto precisamente lo que quiero sacar a relucir porque quiero compartir una realidad que me llegó muy profundo. Ciertamente no es algo fuera de lo común, sino que muchos de nosotros lo vemos y vivimos diariamente, y por eso quiero resaltarlo, porque nos acostumbramos a hechos que no deberían ser corrientes.
Normalmente encontramos en la calle a gente pidiendo ayuda para comer generalmente, y vemos también que estas mismas personas duermen en esa calle que pisamos cada día, que transitamos a toda velocidad y que quizás, por eso ni los vemos, o si los vemos casi que forman parten de la “decoración” de nuestro momento.
Creo que es una obligación que muchos de nosotros tengamos que agradecer a Dios lo que tenemos, por poco que sea, porque tenemos una familia que nos ama y amamos, una casa donde vivir y cobijarnos, comida cada día… y una larga lista que podríamos seguir nombrando. A veces no valoramos nada de esto porque siempre esperamos algo más, y realmente no lo juzgo, porque quizás sea cierto, pero echemos un vistazo a nuestro alrededor y ciertamente podremos ver a personas que como mínimo no han tenido las mismas oportunidades que ninguno de nosotros. Mi intención no es comparar, únicamente constatar que siempre podemos hacer algo por los otros, y no pensemos que nuestra ayuda es insignificante, al contrario, de la “nada” al “algo” ya es un paso, de la sequedad al vaso de agua también y por supuesto de la soledad al cariño existe un mundo.
Hay personas que se dedican a los otros por puro amor y preocupación, otras que nos hablan de Dios, donde constatamos de dónde viene esa entrega y hay otras que sencillamente no hablan, aunque actúan, por pequeño que sea el gesto. Tenemos capacidad para eso y para más, no olvidemos a aquellos que sufren, porque si lo vemos… es porque tenemos esa sensibilidad, por lo tanto, no dejemos que nos acostumbremos aún más a este dolor. El otro es nuestro hermano y es el rostro de Dios “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme… Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.” Mateo 25, 35-36;40.
También te puede interesar
Adviento...
Levantemos la cabeza
Futuro...
Agradecer el futuro
Espíritu Santo...
El viento sopla donde quiere…
Espíritu Santo...
Tu espíritu Señor
Lo último
La sabiduría del corazón
Corazón pensante para humanizar
Cuidar cuando no se puede curar
Nunca incuidables
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado