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En general nos imaginamos que la tierra de Jesús es una tierra de palmeras, más pronto templada, y, sin embargo, los inviernos pueden ser rudos. Así que cuando Jesús fue condenado a muerte, los evangelios nos narran que San Pedro estaba junto al fuego, por consiguiente, hacía frío.
El salmo 147 nos cuenta en su inicio que es un pueblo establecido en la paz, pero una paz frágil y en tiempos de Jesús dominada por Roma y con frecuencia el pueblo judío se revolucionaba para ir en contra de sus dominadores
El pan sobre la mesa de las familias y los hijos sentados alrededor de su mesa pueden significar la serenidad y la abundancia de sus cosechas.
¿Pero qué vienen a significar el hielo y la escarcha sobre este relato? Pues la realidad de su clima: fríos los inviernos, calurosos los veranos. El deshielo lo podemos considerar como un desenlace feliz de la naturaleza, que se libera del frío y surge la vida.
En nuestra vida espiritual también pasamos por momentos de frío invernal pero la gracia que Jesús nos ha ganado con su muerte y resurrección nos libera y venimos a ser hijos de Dios. Esta es la gracia de la Pascua.
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