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Reflexiones del presidente del CELAM
“Fomentar la comunión, crecer en la participación y abrirse a la misión”, tres prioridades que destaca el Cardenal Jaime Spengler al concluir los Encuentros Regionales convocados por el Celam durante el primer trimestre de 2025.
El itinerario de los Encuentros Regionales se inspiró en el camino de los discípulos de Emaús. En su primera etapa la urgencia era favorecer la comunión. Por eso, reunió a los secretarios generales de las Conferencias Episcopales y los representantes de organizaciones eclesiales como la Pastoral Social Cáritas, la pastoral juvenil, las comisiones de cuidado y protección de menores, la pastoral de conjunto y comunicaciones, entre otras.
La expectativa es que los próximos Encuentros Regionales vinculen organizaciones civiles y estatales. Un ejercicio que propende por la sinodalidad en donde se escucha, dialoga y establecen compromisos a partir de la conversación espiritual, metodología que ayuda a las Iglesias locales a ampliar la mirada para pensarse desde lo regional, en tanto muchos de los dolores y esperanzas son compartidos. Costa Rica, Perú, República Dominicana y Argentina, fueron los anfitriones de los cuatro Encuentros Regionales. En total asistieron 145 personas con diversas vocaciones al interior de la Iglesia, lo que se refleja en la composición heterogénea del grupo. El 30% eran laicas, el 28% obispos, 22% sacerdotes, el 16% laicos y un 4% eran miembros de la vida consagrada.
Mirando en retrospectiva, el presidente del Celam, define el itinerario por las cuatro regiones del continente como una “búsqueda de respuestas para lo que el Santo Padre pide a la Iglesia en este momento”. Intuición que al desarrollar la agenda ayudó a “conocerse mejor, compartir las acciones de los episcopados y aprender unos de otros”.
Aclarando que los Encuentros Regionales no constituyen una nueva estructura eclesial, el prelado habla de “un tiempo de verdadera gracia que ponderó el trabajo en red y descubrió aquello en lo que podemos ayudarnos para crecer en la articulación”.
Sin desconocer que el continente vive “tiempos complejos y realidades distintas”, el prelado advierte que el mensaje de la Iglesia es el mismo y el reto es adaptar el lenguaje a cada contexto. “Es verdad, existen desafíos en cada una región y país, pero no podemos perder el foco. Es el testimonio de Jesucristo que se vive primero desde lo personal y luego en el ámbito de una comunidad de fe”.
Al respecto, el purpurado invita a mantener el objetivo apelando a la unidad. “Avancemos, no tengamos miedo. Tenemos mucho que aprender unos de otros. Nos podemos ayudar”. Es así que debemos “tomar fuerzas para que el Evangelio llegue a un mayor número de personas”.
El último Encuentro Regional se realizó en Buenos Aires y para Spengler fue muy significativo iniciar las actividades durante la solemnidad de la anunciación, ese ambiente de revelación los llevó a entregarse a la escucha. “Nos concentramos en los dolores y esperanzas de la región del Cono Sur. Fue muy interesante ver las diferentes manifestaciones de los países. Encontré en el diálogo, una manera eficaz para hallar puntos de convergencia. A partir de eso y la identidad del Celam, detectamos los desafíos de las Conferencias Episcopales”, comenta.
Diálogos en los que resonaron problemáticas como las violencias, la narcocultura y el cuidado de la casa común. Dolores que trascienden las fronteras del Cono Sur, hasta alcanzar el contexto continental.
Heridas que deben ir más allá de la lamentación y definir prioridades pastorales que incluyan la promoción de la vida en comunidad, el trabajo por el diálogo recíproco y el deseo de construir líneas de acción comunes. “Nuestros países viven tiempos difíciles, la polarización y división constituyen una preocupación. Este modo de trabajo plantea los desafíos de la gente y nos ayuda a entender a la Iglesia y la sociedad como un todo”.
Paralelo a los dolores están las esperanzas, la confianza está en los que se asocian al cambio, la fuente de transformación que para Spengler son las nuevas generaciones. “La juventud es motivo de esperanza. Los jóvenes deben ingresar a la vida política, he hablado de esto porque necesitamos sangre nueva, sueños y no soñadores o personas en las nubes; sino hombres y mujeres que, a partir de la fe, sean capaces de soñar y crear un mundo nuevo; marcado por la justicia, la fraternidad y la paz”.
Postura que le recuerda a un poeta “si fuéramos capaces de soñar y trabajar por un mismo sueño, este podría cumplirse. Entonces si acompañamos a la juventud y soñamos juntos, el reino de Dios será una realidad”.
Para Spengler tras iniciar este proceso el Celam debe mantener el acompañamiento a los episcopados para aportar a la necesaria visión regional de las acciones pastorales; esto implica mantener la colaboración para que los episcopados lleven a buen término su misión. “Es importante tener presente la identidad del Celam. Ser apoyo y referencia para las Conferencias Episcopales. La tarea es mantener el acompañamiento, favorecer la articulación, propiciar nuevos caminos; para lograr respuestas conjuntas a los desafíos, fortaleciendo siempre las esperanzas presentes las cuatro regiones del continente”.
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