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Contribuir a la cooperación para fortalecer los lazos de solidaridad, el desarrollo conjunto y el trabajo colaborativo, fueron los méritos que hizo Emilce Cuda, para recibir el Premio Iberoamericano de Cooperación para el Desarrollo. Una distinción que reconoce la trayectoria y el compromiso con la región en áreas específicas.
En la primera edición de los premios, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) entregó más de 20 distinciones a personas e instituciones destacadas en los ámbitos de la educación, los derechos humanos, la ciencia, la cultura y la integración regional.
La secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina estaba entre las personalidades oriundas de 13 países iberoamericanos que fueron galardonadas en una ceremonia efectuada en el auditorio de la Fundación Ortega Marañón en Madrid.
"Recibir este premio es un reconocimiento sobre todo para aquellos católicos que están en las periferias, que no son siempre las periferias de la pobreza, son las periferias institucionales, porque a veces no contamos con que ellos también son la iglesia y en reconocimientos como este, vemos que grande es nuestra iglesia católica y cuántos misioneros tenemos en tantos lugares de decisión e importancia para el cuidado de nuestra casa común", afirma.
Tender puentes, impulsar sinergias, escuchar a unos y otros, son aspectos que identifican la gestión de Emilce Cuda en la Pontificia Comisión para América Latina. Un organismo decidido a asumir la invitación del recordado Papa Francisco que hablaba de aportar para organizar la esperanza. Misión que ahora vemos respaldada en los primeros mensajes del Papa León XIV.
Una mujer, laica, docente y delegada pontificia con una visión amplia de la realidad de América Latina y el Caribe que ha hecho de su tarea un servicio fecundo. Un camino que le deja múltiples enseñanzas. “El aprendizaje que me deja este recorrido es comprender que la catolicidad es algo activo que opera más allá del horizonte que podemos divisar. La catolicidad lo envuelve todo, envuelve a la iglesia como institución y cuerpo místico", indica.
Un proceso que genera cambios porque según explica "cuando esa catolicidad se activa, porque hay dinamismos que construyen puentes para que la comunicación deje de ser esa carga pesada que debemos movilizar y vaya de un lado al otro; empezamos a ver cuántos somos en esta maravillosa Iglesia católica que incluye pastores, catequistas, teólogos, religiosas, religiosos, pero también empresarios, funcionarios de organismos internacionales, profesores y rectores de universidades".
Una senda en la que cada uno aporta su propia experiencia de fe. "Es un camino maravilloso, porque esa gente se redescubre a sí misma como un católico activo en el momento en que le abrimos la puerta y le invitamos a ser responsable junto a nosotros en la construcción de un mundo mejor".
La cooperación es un instrumento básico para alcanzar el desarrollo regional y un motivo para que la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) entregue estos premios. En el caso de Emilce Cuda, representa la valoración de su esfuerzo por hacer vida la sinodalidad, la misma que en otros ámbitos llaman solidaridad y que puede definirse como el firme deseo de formar una comunidad de comunidades, ir en busca de otros, organizarse partiendo de los sueños y las esperanzas, no solo desde las necesidades.
Se trata de apoyarse para avanzar en la transparencia para dialogar y fortalecerse ante los diversos retos que nos propone la realidad. Uno de ellos es la crisis climática y la inminente realización de la COP30 que para Emilce Cuda es un desafío en materia de diálogo y construcción de puentes.
“Mi función siempre es ayudar, como dice la Praedicate Evangelium, la constitución de la curia romana, ayudar al desarrollo y a la vida, al cuidado de la vida en las iglesias particulares. Y en la COP30, se tomarán decisiones que tienen que ver con la vida y el desarrollo en nuestras iglesias particulares, en el caso mío de América Latina y el Caribe, pero también de todas las periferias del mundo.
Entonces, mi trabajo en este momento es conectar a estos actores del territorio, las iglesias particulares, con aquellos organismos internacionales y las personas que dentro de esos organismos toman las decisiones para que se escuche la voz de nuestra iglesia".
La teóloga argentina ha logrado entre otras cosas, superar fronteras acercando actores diversos, esto le ha permitido dar voz a los jóvenes universitarios, convocar a representantes de cámaras industriales, sindicatos y movimientos populares; además de motivar la reflexión entre teólogos, artistas y académicos.
Siempre, pensando en la urgencia de construir una Iglesia sinodal, trabajar por una teología en salida y actuar en coherencia con la fe de cara a problemáticas comunes que afectan el bienestar del ser humano y el planeta. Argumento que compartió durante el reciente Encuentro de la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común.
Impresiones de una convencida de la sinodalidad y el potencial del diálogo y la fraternidad tras recibir el premio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) que reconoce trayectorias, méritos y avances en la construcción positiva de un mundo necesitado de razones para recobrar la esperanza.
La entidad también entregó premios en distintas categorías a Gerardo Martínez secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Martín Iriberri de la Fundación Entre culturas, Lucía Salas directora de la fundación Ortega Marañón, José Utubey director de Celulosa Argentina, Marcelo Figueiras presidente del laboratorio Richmond, el padre Ignacio Bagatinni por su trabajo con comunidades vulnerables y Christian Asunelli vicepresidente de programación estratégica del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y Amador Sánchez Rico embajador de la Unión Europea en Argentina.
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