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José Cobo, hasta ahora obispo auxiliar, sucede al cardenal Osoro
Madrid ya tiene nuevo arzobispo, y mal que a algunos les pese, pues la gran mayoría están felices con el nombramiento, el elegido por el Papa Francisco es Mons. José Cobo Cano, hasta ahora obispo auxiliar de la sede para la que ha sido designado. Alguien de quien por encima de cualquier otra definición podemos decir sin temor a equivocarnos conoce y ama a la Iglesia de Madrid.
Es algo que le viene de cuna, que probablemente fue viendo en su tío, Lucas Cano, también cura de Madrid. Una Iglesia en la que fue descubriendo, en su gran diversidad, como vivir su fe y su compromiso cristiano, que un día le llevó a seguir la vocación presbiteral, ingresando al Seminario Conciliar después de haberse licenciado en Derecho en la Universidad Complutense. Ordenado presbítero en 1994 fue pasando por diversas parroquias, hasta ser nombrado Vicario Episcopal y posteriormente Obispo Auxiliar, servicio que ha desempeñado con maestría y en profunda y fiel colaboración con su arzobispo durante poco más de cinco años.
Es importante resaltar eso, pues entre el cardenal Osoro y uno de sus mayores colaboradores, aunque algunos se hayan empeñado en lo contrario, de lo cual espero que, como católicos ejemplares que se dicen, se confiesen, pues mentir es pecado, existe un espíritu de cercanía, afecto y estrecha colaboración en favor de la Iglesia de Madrid, muchas veces luchando contra enemigos sin ética y sin escrúpulos.
La elección de Mons. Cobo da continuidad a la tarea llevada a cabo por su predecesor, quien no explicitó, pero tampoco ocultó, sus preferencias sobre quien le gustaría que fuese su sucesor. Estamos ante alguien profundamente alineado con el Magisterio del actual pontífice, que entiende que la Iglesia tiene que salir de sus cuatro paredes para ir al encuentro de la gente, algo presente en el ministerio del arzobispo electo.
Con el nuevo arzobispo podemos decir que se vislumbra, en principio por unos 20 años, la concretización en Madrid de una Iglesia sinodal, que no tiene miedo de tender puentes y abrir puertas, una de las virtudes del recién nombrado, de escuchar, también al que piensa diferente. Una Iglesia que en lugar de fastos prefiere estar presente en medio de los que son descartados, ignorados y obligados a callarse.
Sin negar las dificultades que habrá en el camino, muchas veces motivadas por los de siempre, por aquellos que piensan que la única Iglesia válida es aquella que han ido construyendo a su imagen y semejanza, aunque quieran disfrazarse de fieles a la ortodoxia, con la ayuda de Dios y de su pueblo que camina en Madrid, el nuevo arzobispo irá dando rostro a aquello que Dios espera de quienes se dicen discípulos de su Hijo: una Iglesia samaritana que por encima de todo cuida y ama a los caídos. No olvidemos su lema episcopal. “En tu misericordia confiar y servir”.
Un día para agradecer a Dios, pero también para implorarle que infunda la fuerza de su Espíritu en aquel a quien le confía esta misión de ser arzobispo de Madrid. Una tarea ingente, pero para la que no le faltará ayuda de muchos, que en virtud de su bautismo quieren ser instrumento para que los valores del Reino se hagan presentes en la sociedad madrileña, sin gran bombo, pero con profunda eficiencia.
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