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El consistorio, desde dentro:"Párrocos de Roma que recorren las calles del mundo"
Un mosaico de muchos colores. Así define el ahora ya cardenal José Cobo el colegio cardenalicio, pero en realidad a la Iglesia, y por eso se dice que es católica, universal, una orquesta sinfónica y sinodal, en palabras de Francisco en el consistorio, le cabe la misma definición. Y uno percibe eso cuando llega a Roma, todavía más cuando lo hace en fechas donde las procedencias son tan diversas como en un consistorio.
Algunos podrían decir que todos los cardenales visten de rojo, una indumentaria que representa su compromiso de dar la sangre por el Sumo Pontífice, aunque sabemos que hay miembros de ese exclusivo colegio que serían los primeros en saltar del barco, pero debajo de las vestiduras hay una vida, un sentimiento, una cultura, un elemento importante en una Iglesia, la del Papa Bergoglio, también hoy ha hecho referencia a ello, donde la multiculturalidad es una realidad que no se puede pasar por alto.
Esta vez han sido 21 los que han recibido el capelo, de ellos 10 europeos, siguen siendo casi la mitad, 6 del continente americano, 3 africanos y 2 asiáticos. Entre ellos hay cardenales por cargo curial, cardenales por sede episcopal, aunque eso es una lógica no muy presente en el actual pontificado, y cardenales que nadie, ni ellos mismos, podrían soñar pocos meses atrás, algunos eméritos, otros con un largo recorrido por delante.
Es la nueva configuración del colegio cardenalicio, y uno piensa en las nuevas formas de ser cardenal. Algo sobre lo que, sin ir más lejos, uno reflexiona viendo los tres cardenales vivos que son o han sido arzobispos de Madrid. No es la misma la forma de entender la vida y la Iglesia de cada uno de ellos, y que duda cabe, eso influye a la hora de pensar la Iglesia y de conducirla, de hacer que sea presencia del Reino de Dios, y eso se consigue por aquellos que se convierten en preocupación principal.
Párrocos de Roma que recorren las calles del mundo, que se pierden por veredas a la busca de quienes están fuera de la sociedad, muchas veces también de la Iglesia. Hombres llamados a congregar en torno de Pedro, a quien en Francisco han prestado juramento de fidelidad. En una Iglesia cada vez más minoritaria, todos los bautizados, también aquellos que han alcanzado la púrpura, somos desafiados a ser signo de unidad, de comunión, participación y misión, de sinodalidad, pero sobre eso habrá tiempo de hablar y escribir en el próximo mes.
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